SINTESIS
Versión de octubre 17, 2019
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Parte
I: Introducción,
objetivo y delimitación del tema.
II:
«Comprender para creer; creer para
comprender», «aquí y ahora».
III:
Dos ejemplos de extravíos de la razón:
- Mi «doble» que habita en un Universo paralelo, y
- La Evolución convertida en fenómeno religioso.
IV:
Conocer, pero ¿con qué? ¿Cuál es
nuestra Teoría del Conocimiento?
Tres advertencias:
- · Creer sin pensar es tan grave como pensar sin creer.
- · La Anorexia intelectual, “la Inteligencia es capaz de destruirse a sí misma”.
- · El origen de la Mentira y promotor del Error.
V:
Escudriñando criterios que ayuden a opinar sobre el Extraterrestre con respecto
a:
(1) El Espacio Sideral o Cosmos.
(2) El Hombre como ser capaz de conocer, capaz de la verdad.
(3) El Extraterrestre visto como mera hipótesis
científica.
VI:
Extendiendo puentes entre Astronomía, Psicología, Filosofía y Fe. El Humanismo Cristiano.
VII:
Posibilidad y probabilidad de una hipótesis científica. ¿Conocer para construir
sobre arena o sobre roca?
VIII: El Extraterrestre visto desde la Fe. ¿Es la
Fe razonable?
IX: Conocer, sí;
pero ¿para, qué? El peligro de transmutar al ser humano en un alienígena en su propio planeta.
X: Epílogo.
Parte I: Introducción, objetivo y
delimitación del tema.
Las creencias
alrededor de los Extraterrestres (ET’s) oscilan desde la mera fantasía hasta la
supuesta comunicación entre terrícolas y
misteriosos entes o seres confundidos en la mezcla nebulosa de la sugestión, por un lado, y lo preternatural, por otro.
¿Existe vida inteligente fuera de la
Tierra?, ¿cómo se relacionaría con la Revelación cristiana?, ¿su existencia
sería compatible con ella o se contradirían?
El ET
representa, antes que un enigma científico válido, un craso problema de
credulidad; de credulidad destructiva de la razón.
¿Tendrán las
Ciencias Naturales y la Fe todavía algo que decirnos sobre este tema antes de
que el Humanismo Cristiano sea eclipsado por sombras de creencias en ET’s
sumados a un retorno triunfante de brujos, ídolos y mitos gracias a una sistemática
devaluación de la razón?
El presente ensayo es una «búsqueda» de
la realidad como nos han enseñado a
hacerlo los forjadores del Humanismo Cristiano. Quizá descubramos que la
existencia del ET es el menor de los enigmas que hoy enfrentamos, frente al
hecho de que lo que está en juego, al inicio de la Postmodernidad, detrás de
los embates contra la razón, es el “significado
mismo del ser humano”. [1]
Cada uno de nosotros, sin excepción, al
enfrentar dilemas de importancia, en la vida diaria, exclamamos o escuchamos el
reclamo irrenunciable:
·
« ¡
Dime las cosas como son ! »
·
«
¡Háblame claro y no disfraces la realidad
! »
Este ensayo trata de esta exigencia.
Paralelamente a la reflexión sobre los
Extraterrestres, en este ensayo se intentará describir una transformación
observada en el seno de la Iglesia ¿Es el cambio en la actitud de la Iglesia
frente a las Ciencias, por un lado, y,
por otro lado, frente al disenso teológico (controversias y cuestionamientos destructivos
contra el Magisterio de la Iglesia) una corrección o una profundización?
Finalmente, veremos cómo el Humanismo
Cristiano podría ayudarnos a dilucidar qué hay de recto y qué de tortuoso en las
más recientes propuestas ideológicas que —sin necesidad de que nos invadan Extraterrestres
en plan de conquista- ya están ahora
mismo y en este planeta “deconstruyendo”
al hombre —creado a imagen y semejanza de Dios- y queriendo sustituirlo por una
u otra ficción —un “alienígena”- con
la varita mágica del aprendiz de brujo del Cientificismo
contemporáneo y la tecnología de punta.
Parte II: «Comprender para creer, creer para comprender» , «aquí y
ahora».
Las personas que creen que para la
existencia del Universo, de la vida y de seres
inteligentes en la Tierra, no hubo necesidad de la participación de un
factor por arriba de lo empíricamente identificable, ignoran las leyes fundamentales del
pensamiento, int. al.:
· «no se puede dar lo que no se tiene»;
· «lo que no-es no puede llegar a ser,
por sí mismo»;
· «todo cuanto comienza a ser, requiere necesariamente una causa»,
y
· «lo que no es por sí mismo, es
por otro, distinto de sí mismo».
En consecuencia, algunos científicos y
autores “comercialmente correctos” atribuyen
el origen del ser, de la vida y de la
inteligencia al «acaso», al «caos», o a la misma «nada». Se diría que para aquéllos, la
Astronomía ha alcanzado —por el solo
transcurso del tiempo y del avance científico- la capacidad de “descubrir” que
“Dios no existe”, llenando ese hueco con «imponderables».
[2]
El Humanismo Cristiano propuesto por la
Iglesia afirma que no hay conflicto entre Razón y Fe, entre Ciencias Naturales
y Teología. La frase de Agustín de Hipona, “Intellige
ut credas, crede ut intelliges”, constituye
en y para el pensamiento católico una divisa que va unida, como corolario, a la
frase de Jesús: “…conocerán la verdad y la verdad los hará libres.” Así mismo,
en la aventura del conocimiento, en general,
y en el diálogo entre Ciencias Naturales y Teología, en específico,
creemos que es fundamental saber «distinguir
para unir» [3] so
pena de confundir mezclando lo que es como el agua y el aceite.
Parte III: Dos ejemplos de extravíos de
la razón:
Mi «doble» que habita en un Universo paralelo: Adherentes a la corriente de la New Age y algunos científicos afirman que usted, yo y todos tenemos un “doble”, que vive en otra
dimensión, en algún Universo paralelo.
Esta conclusión es muy desafortunada,
porque las Matemáticas —generadoras de modelos de universos paralelos de donde
la New Age toma la idea- no “crean”
realidades materiales ni espirituales; las imaginan y soportan con lógica
(matemática), las describen en nuestra mente a base de realidades que son ideas (entes de razón) y, por lo tanto,
sólo existen en nuestro pensamiento: “Es
posible todo objeto del pensamiento que no entraña contradicción. El posible tiene tan solo, existencia
mental.”[4]
La Evolución convertida en fenómeno religioso:
Hay otro ejemplo en el
que la razón no sale bien librada y que, a pesar de ser muy controversial,
puede ser útil para nuestro propósito principal. Se trata del célebre jesuita
Teilhard de Chardin (1881-1955), quien aborda con pasión y talento literario el
fenómeno de la Evolución que permea al binomio materia/energía, así como la
compatibilidad entre:
· sus «observaciones»
—más que hipótesis y hallazgos científicos- en Geología y Paleontología
(conocimientos sujetos a las reglas del Empirismo),
· con sus afirmaciones en materias:
§ de Filosofía (definida como ejercicio de
abstracción intelectual sobre el ser
y sus causas últimas) y
§
de
Teología (entendida como reflexión del intelecto sobre los Misterios de la Fe o
Revelación de Dios hacia el hombre).
Teilhard, en su intento de unificación
del saber, va mucho más allá de buscar la compatibilidad entre la teoría de la
Evolución de la Naturaleza y el Universo para con el dogma católico. Puede
decirse que, inclusive, prescinde de la Geología y la Paleontología y sus observaciones y aportaciones se
fundamentan en una especie de intuiciones
o «revelaciones» obtenidas por él, las cuales reconoce específicamente haber
experimentado desde muy joven y que
buscó plasmar en literatura, usando una poesía en prosa religiosa con la que
agrega profundas y más que atrevidas incidencias en Filosofía y Teología.
Este somero análisis de un caso tan
debatido busca exponer una exigencia fundamental de la Epistemología[5]:
con los métodos de la Geología y Paleontología —aún con tintes poéticos y
místicos brillantes-, no puede hacerse Filosofía ni Teología.
Y, como veremos al respecto de la
existencia del Extraterrestre, tampoco se puede hacer Filosofía ni Teología con
los métodos de la Astronomía ni de la Astrofísica.
Las lecciones «post-Teilhard» nos brindan
luces para ahondar en el desafío del diálogo entre Ciencia y Fe, no en el
pasado, sino hoy y a futuro.[6]
Parte IV: Conocer, pero ¿con qué? ¿Cuál es nuestra Teoría del Conocimiento? Tres advertencias:
(1) Creer sin pensar es tan grave como pensar sin creer:
En toda aventura de la
inteligencia[7] es
indispensable la adopción de una prudente Teoría del Conocimiento, a la que
también se le llama Crítica o Gnoseología[8]
y que es un capítulo o parte de la Filosofía.
Toda Teoría del Conocimiento busca ayudar
al hombre a responder a las preguntas iniciales básicas y existenciales: «¿qué
es?, ¿quién es?, ¿qué es existir? y ¿quién existe». Para responder a esto
Alatorre desglosa las diferentes realidades del ser —a la luz de la razón,
sin intervención de la Fe- de la siguiente forma:
·
La
realidad material (entendida como materia física), se da en el tiempo y en el
espacio, es mensurable, ponderable, captable por los sentidos, y también es
contingente y finita. Las Ciencias la estudian y conocen de forma empírica o
experimental.
· La realidad de las ideas que no ocupa
espacio, no es subsistente en sí misma, sólo existe en la mente del que la
piensa (quien le otorga su tiempo).
Esto incluye a las Matemáticas y a la Física en su fase Teórica —antes de ser
Aplicadas-. Sus hipótesis pertenecen al mundo de lo posible, de las ideas, pero
no al Universo espacio-temporal. En tanto que cumplen con la Lógica, son
llamados seres o entes de razón.
· La realidad espiritual [el alma espiritual
de cada hombre], no ocupa tiempo ni espacio, pero no se da la existencia a sí
misma y no ha existido siempre, por lo que también es contingente y finita (i. e., con limitaciones en sus
capacidades).
· Los valores, que “no son, sino que valen”
(García Morente). Son reales pero sólo existen en otros, v. gr.: veracidad, valentía, pureza, justicia, libertad. [9]
·
La
realidad divina [Dios], que no ocupa ni tiempo ni espacio; es en sí y por sí;
realidad necesaria e infinita; existe desde siempre; existe como principio de
todos los seres finitos; es aprehensible a la limitada razón humana sólo por
analogía, a través de los seres contingentes y finitos (los seres creados).[10]
(2) La Anorexia intelectual: “La
Inteligencia es capaz de destruirse a sí misma”. Cuando Chesterton[11]
previno del peligro de que la propia razón se atrofie a sí misma, quizá pensaba
en los millones de candidatos a crédulos o incautos que parten de la base que
nuestra inteligencia «nos engaña» o — peor aún- «nos podría engañar» al
proporcionarnos:
· la evidencia de «mi yo»,
· la conciencia de que «yo soy»,
· la conciencia de la certeza de la existencia de otras cosas (otros entes o
seres) que también «son» y
· la conciencia de la distinción de lo que es
con respecto a lo que no es.
Al negarse a aceptar estas primeras luces
de la inteligencia, este primer «hecho de conciencia» desconocen, en
consecuencia, la validez de los principios lógicos fundamentales que se
desprenden de este «acto de introspección» y que son el
fundamento de todas las Ciencias Naturales, Filosóficas y Teológicas: [12]
· Yo soy
(primer hecho de conciencia) y no puedo ser
y no-ser al mismo tiempo (principio
de Distinción).
·
Al afirmarse en la
existencia, el ser se reconoce igual o
idéntico a sí mismo, o sea, «el ser
es» (principio de Identidad).
·
Una cosa no puede, al
mismo tiempo y bajo el mismo aspecto, ser
y no-ser. Aquello que es, es, y no puede no-ser al mismo tiempo
(principio de No Contradicción).
·
Una cosa es o no
es; entre ser y no-ser no hay término medio. Dos
contradicciones no pueden ser simultáneamente verdaderas ni simultáneamente
falsas (principio de Exclusión del Término Medio).
Para la persona que se ha dejado
extraviar por los mensajes llamados “nuevos”, pero que en realidad provienen o
de la Antigüedad “mágica”, “pre filosófica” e idólatra, o del Idealismo
subjetivista y racionalista de la Ilustración
(“Enlightment”, s. XVII y
XVIII, de Descartes, Kant y Hegel), o del Positivismo o Empirismo craso y
primitivo (s. XVIII y XIX, de Hume, Comte y Russell) caen en cualquiera de
estas trampas, int. al.:
· “la imagen de mi Yo y de mi entorno son
«ilusiones» que hay que eliminar mediante —por ejemplo- la Meditación Trascendental, la cual me liberará del Yo, de los otros
y del dolor, me vaciará de mi Yo y me desembarazará
de aquellas ficciones restableciendo
mi identidad con el Universo” (precepto del Hinduismo) o mi acceso o inmersión al Nirvana (la «nada» o el
aniquilamiento del ser, propuesta del Budismo);
· “la
actividad discursiva de la inteligencia me impide adentrarme en la «realidad
sutil» a la que sólo tendré acceso si renuncio a mi razón y acepto la Iluminación de la Iniciación Esotérica,
tomado de la mano de «entes» que habitan en lo «oculto» (ángeles, duendes,
etc.);
· “sólo hay un principio absoluto y es
éste: que todo es relativo” (atribuido a Augusto Comte, 1798-1857);
· “¿Qué
es la verdad?”, respuesta de Poncio Pilatos como excusa antes de condenar a un
Inocente a la muerte para hacer lo
políticamente correcto.
En ese desvarío, el hombre debiera saber que
lo acecha alguien ávidamente interesado en que se equivoque.
(3) Hay un origen de la Mentira y promotor del Error.
Se aborda a continuación
un tema que se ubica en las fronteras que constriñen al conocimiento:
·
entre
lo que la Ciencia le podrá proporcionar al ser humano y lo que escapa, por
definición, al alcance de la razón (científica), a menos que se le atribuya a
ésta una capacidad ilimitada;
·
entre
lo que, siendo sobrenatural, es la Fe la que nos lo da a conocer, que Dios
revela y que el hombre no descubre por sí solo, habiendo —por otro lado-, mucho que permanece ignoto para nosotros de
esa realidad sobrenatural en tanto que somos seres contingentes y finitos.
La Fe católica —si se le ha interpretado
bien- propone lo siguiente. Podemos dividir las causas de las
“credulidades” o fuentes de error en dos
clases:
(1) las
debilidades de nuestra Razón (examinadas líneas arriba), y
(2) las fuerzas
ocultas (u Ocultismo) cuyo origen está en el Demonio, el Malo del que el Padre
Nuestro nos habla en forma inequívoca (“Sed
libera nos a Malo”[13]).
Estas fuerzas o poderes preternaturales nos resultan
desconocidos; existen y su vecindad en nuestras vidas es permanente y muy
cercana. Son capaces de contaminar la inteligencia, la voluntad, la memoria y,
sobre todo, la imaginación. La frase del
poeta Baudelaire (1821-1867) es inestimable: «la mejor astucia del Demonio
consiste en hacernos creer que no existe».
Aquellos que se dejan seducir por
falacias, en cualquiera de sus modalidades y épocas, tales como visiones,
revelaciones o diálogos con (la lista no es exhaustiva):
·
“ángeles”,
avatares, elfos, gnomos, duendes o trasgos;
· demonios, entes o espíritus no humanos;
·
extraterrestres
superdotados, etc.,
comienzan por no aceptar al hombre como
es, con sus limitaciones en tanto que ser creado,
contingente y finito, y prefieren aceptar la ilusión de que el ser humano puede
–con la ayuda de alguno de esos personajes sutiles- llegar a saber tanto
como el Creador, o rehacer la Creación, o corregirle la plana al Creador, o,
mejor aún, liberarse del yugo del tabú
judeocristiano de la existencia de un Dios Creador.
Parte V: Escudriñando criterios que
ayuden a opinar sobre el Extraterrestre
Para que el tema del Extraterrestre nos
intrigue, tendría que tratarse de un ser “personal”, un ser semejante al
hombre. Esta cuestión pone a prueba nuestra comprensión de un trinomio de
conceptos y las relaciones entre ellos: (1) el Cosmos, (2) el ser humano y (3) la
posibilidad de vida fuera de la Tierra.
(1)
«El Espacio Sideral o Cosmos»: La majestad del Universo desafía las posibilidades de
la razón, y supera a la imaginación.
En cuanto a las
dimensiones de los astros y las distancias, i.e., el «espacio»,
estos son algunos ejemplos: [14]
·
En
el Universo existen textualmente «millones de galaxias», 100,000 millones según
Asimov. La galaxia Andrómeda, cuya imagen espectacular la encontramos en
internet, está a 2,700,000 (dos millones setecientos mil) años/luz de la Vía
Láctea y es un poco más grande que ésta, 200,000 años/luz de diámetro y cuenta
con 300,000,000,000 (trescientos mil millones) de estrellas.
En cuanto al «tiempo» y la «duración»,
la contemplación del Universo nos recuerda que
· “…delante de Dios, un solo día es como
mil años y mil años como un solo día.”[15]
· Muchos fenómenos que observamos en el
cielo cuando su destello nos llega, ocurrieron mucho antes de que el hombre
apareciera en la Tierra.
Concluyendo, para algunos, la
contemplación de la Naturaleza en el Cielo podría abrirnos al infinito, a la
trascendencia, a lo espiritual… o a la «desesperación»: “Al ver el cielo,
hechura de tus dedos, la luna y las estrellas que pusiste, Señor ¿qué es el
hombre para que te acuerdes de él…? (Salmo 8, 4-5), al tiempo en que no podemos
evitar otra pregunta: “¿Quién es el hombre que… no haya de ver la muerte?”
(Salmo 89, Vg. 88, 49).
(2) «El hombre como ser capaz de conocer, capaz de la verdad». Fernand Van Steenberghen (op. cit.), establece que:
· “La descripción de los elementos
constitutivos de mi conciencia me ha proporcionado, como un dato original e
ineluctable, «el ser» o «lo real», objeto de mi primera experiencia [cognitiva]
y de cualquier experiencia ulterior; este objeto está representado por mi concepto
fundamental: el concepto de «ser», y
afirmado por el primero de todos mis juicios: «algo existe».
· “La crítica de mi conocimiento comenzó
por la crítica del conocimiento del ser
[constituyendo mi Teoría del Conocimiento]: la experiencia [cognitiva] del ser se me ha manifestado como una
experiencia sin posible ilusión ni confusión; el concepto de ser [el ser aprehendido por mi razón] excluye
toda posible deformación; la afirmación del ser
excluye toda posibilidad de error. (…)
·
“La
materia existe, mas sin saberlo. Yo se que ella existe y que yo existo. Sin
comprender por qué algo existe,
comprendo que alguna cosa existe; soy
«inteligente», esto es, «capaz de conocer el ser». El hombre, se ha dicho con
gran exactitud, es un animal que comprende la palabra «es»: la afirmación «esto
existe» tiene un sentido inmediato para él.” [16]
En consecuencia, el Extraterrestre podría
ser sujeto del conocimiento del que es capaz el ser humano mediante el uso correcto
de su razón. El ET —de existir- pertenece al ámbito de lo material o físico, en
el tiempo y el espacio, perceptible por los sentidos y está/estaría sujeto a
las leyes del conocimiento científico. Por lo tanto, mientras no haya pruebas
científicas, es infundado afirmar y/o creer en la existencia del ET.
(3) El Extraterrestre visto como mera hipótesis científica. Los autores Asimov y Roman describen los
ingeniosos métodos científicos que el hombre ha utilizado para llegar a
descubrimientos sorprendentes sobre el Universo. A su vez, manifiestan el
potencial de la inteligencia valiéndose de las Ciencias Naturales, Físicas y
Matemáticas, y lo que puede desvelar y con ello, asombranos. Otras cosas, en
cambio, le son inherentemente inasequibles, de acuerdo a la Epistemología.
Con respecto al Extraterrestre, frente a
la pirámide de hipótesis sobre su
existencia, hay que citar a Carl Sagan (1934-1996). Sagan señaló ante la
televisión que —en su opinión- es una petulancia desmesurada que los terrícolas
afirmen ser los únicos seres vivos inteligentes en el Universo, pero reconoció
que no hay prueba alguna de que esto no sea así y que sigue siendo una posibilidad altamente probable (o sea,
una hipótesis). [17]
Parte VI: El Humanismo Cristiano: Extendiendo
puentes entre
Astronomía, Psicología, Filosofía y Fe.
El Dr. Pedro
Morandé[18],
Universidad Católica de Chile, en “Claves para una Comprensión Cristiana de la
Crisis de la Modernidad” nos recuerda:
· “que la vida de cada ser humano es un
proyecto de Otro, no de sí mismo.
·
“El
«ser» es para el hombre, desde el hombre, un imposible. Este hecho constitutivo
de la existencia es el que se oscurece con el Pecado Original que, podría
decirse, es la primera formulación de la «voluntad de poder» en el sentido de
Nietzsche [y en del mito de Prometeo]. El hombre que cree tener el poder para
pasar de la «nada al ser», termina inevitablemente destruido por la mentira,
por la idolatría de sí mismo, por la añoranza del “superhombre”, llenando el
vacío del ser con la negación de sí [mismo].”
[Por eso la mención de la «desesperación» como eventualidad, líneas
arriba].
El Dr. Abelardo Lobato, o.p.[19],
1925-2012, Sociedad Internacional Tomás de Aquino, Lugano, Suiza, en “El
Cristianismo y la Promoción de la Dignidad Humana”, proporciona los siguientes
elementos de juicio en los límites entre la Fe y la Ciencia:
· “[La Encarnación] es un hecho sin precedentes, supera a todos los demás
habidos y posibles… Con el paso de los siglos los cristianos lo han ido
desvelando. El profundo teólogo protestante Oscar Gullman ha puesto de relieve
su sentido para la conciencia del hombre del siglo XX. Toda la obra creadora
estaba orientada hacia el hombre. El mundo se rige por un principio «antrópico»
[de antropos, hombre]. Llegado el
hombre al mundo, todo el Cosmos cobra sentido. Y lo mismo [ocurre] con la
venida de Cristo. En Él tiene sentido todo lo humano (…) [Aún el mal —como
ausencia del bien-, el sufrimiento y la muerte].
·
“…este
centro de todo lo creado, no es un hombre cualquiera, es el hombre por
excelencia, es Cristo, el primogénito, el primero de los hombres, el ejemplar
conforme al cual los demás han sido sacados de la nada. El hombre es el punto
culminante de la obra creadora del Omnipotente. No es [el hombre]el ser de
mayor perfección, es el ser de mayor conjunción cósmica. El mundo excede al
hombre en grandeza, en multiplicidad, pero el ser humano excede a todo el mundo
[y al Universo] en síntesis y plenitud…. Sólo el hombre ocupa el centro de la
creación (…)
La angustiante pregunta que se hace el
salmista: “¿Qué es el hombre?” implica el riesgo de la «desesperación» que
conlleva creerse condenado al absurdo[20];
no es una cuestión que el hombre mismo pueda responderse, es una respuesta
proporcionada gratuitamente por la Revelación:
“En realidad,
el misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado.
(…)Cristo, el nuevo Adán, en la misma revelación del misterio del Padre y de su
amor, manifiesta plenamente el hombre al propio hombre y le descubre la
sublimidad de su vocación. (…)” [21]
¿Cómo podrían ayudar estos criterios al interrogarnos sobre el ET?
Las preguntas y respuestas que encontremos con
respecto al hombre necesariamente conducen a respuestas sobre la vida en el espacio y la existencia del
Extraterrestre.
La persona que alimente su escepticismo
para con la Revelación al comparar lo inmarcesible del Universo frente a la
pequeñez del ser humano, misma que,
según el escéptico, debiera impedir que el hombre se engríe como Rey de la
Creación y se considere como el único habitante del Cosmos —la tesis de Carl
Sagan, entre muchos-, debería permitirse realizar la lectura inversa de esa
grandeza:
¿Constituiría el Universo una catedral
suficientemente espléndida para proclamar y honrar a su Creador, para dar
posada al Verbo hecho carne que habita entre nosotros, servir de escenario a
los Misterios de Cristo y alojar al pueblo de Dios? ¿Y si esa magnificencia
fuese un atisbo —un vestigium Dei-
para ayudarnos a creer que Él es capaz de crear el Cosmos y mucho más,
incluyendo a la persona que se hace esta pregunta? [22]
Todo ello excede los límites de la razón
del ser humano. Pero así ha sido siempre cuando nos encontramos ante los
designios y los caminos de Dios, “insondables e inescrutables” (Pablo de Tarso,
5-15 — 62-68 d. C.). Si no fuese así, nosotros seríamos dioses y Dios no sería
Dios.[23]
Parte VII: Posibilidad y probabilidad de
una hipótesis científica.
El origen de la vida escapa a las Ciencias Experimentales.
¿Conocer para construir sobre arena o
sobre roca?
La hipótesis científica del
Extraterrestre exige considerar dos elementos secuenciales:
·
la
Posibilidad y
·
la
Probabilidad.
Calificar a una hipótesis de «posible» es
asegurar que no implica una contradicción. El Extraterrestre, en el ámbito del
conocimiento que pertenece a las Ciencias Naturales, parece que no implicaría
contradicción, por lo tanto «es posible».
A su vez, asignar una «probabilidad» a
una hipótesis, es un ejercicio matemático, –por ende- mental. El diccionario
Larousse llama a la probabilidad “la concepción científica y determinista del «azar»; el número de veces que algo probablemente ocurra sobre un rango de ocurrencias posibles en acontecimientos
o eventos expresados como ratio (razón) o distribución entre cero
y uno”: «Cero de probabilidad = nunca ocurre (0 %); Uno de probabilidad =
siempre ocurre» (100%); mientras más eventos reales, históricos, puedan ser
tomados en consideración, mayor predictibilidad del evento bajo estudio, hasta
cierto punto. Abbagnano[24]
nos ayuda precisando que: “Probabilidad es el grado o medida de la posibilidad
de un acontecimiento o de una clase de acontecimientos(…), es un «grado de creencia razonable».” En otras
palabras, es un acto de confianza, meditado, razonable, pero a fin de cuentas, es
una expresión cuantificada de “fe” humana.
Estamos hablando de los límites y
alcances de las Ciencias y con ello, no se trata —nada más- de una elección
entre las Teorías del Conocimiento, o entre las ideologías de moda, o entre las
hipótesis más aceptadas, o en una predilección por un sistema de pensamiento u
otro. Se trata, principalmente, de qué vamos a hacer con el “significado mismo del ser humano”. Y
para ello no podemos omitir que:
· “…la doctrina
de la Evolución no responde a todos los interrogantes y sobre todo no responde
al gran interrogante filosófico: ¿de dónde viene todo esto y cómo todo toma un
camino que desemboca finalmente en el hombre?...
· “En el fondo [nuestra existencia] no es algo
irracional, un producto de la irracionalidad; hay una razón anterior a todo, la
Razón creadora, y en realidad nosotros somos un reflejo de la Razón creadora.” [25]
El origen de la vida escapa a las Ciencias Experimentales.
Algunos agregan, buscando aumentar la
credibilidad de que estos eventos hayan ocurrido, que el primero de ellos —en
la noche de los tiempos- pudo haber fallado; pero, en millones de años, estos
eventos se habrían repetido, una y otra vez, hasta que, finalmente, el azar produjo el milagro. Esto es lo que se conoce como «diversidad estadística». El
acaso encuentra así, para algunos, su
poder creativo —sacar de la nada- en el número “N” de eventos ocurridos durante
millones de años. En el fondo , sin embargo, esta hipótesis, al igual que “N”,
es ante todo un «ente de razón» o «idea» y no hay pruebas de que también haya
sido una realidad física o que posea existencia fuera del interior de la mente
de algunos científicos y de aquéllos que prefieren poner su fe en el poder creativo de “N”.
“N” no posee el poder de transmutar a la materia inerte en
materia viva, ni a los seres vivos en seres inteligentes y con alma espiritual,
lo que significaría una “transformación esencial o substancial”[26].
Nadie da lo que no tiene, ni siquiera “N”.
Al buscar la causa de algo se debe de
recordar que —desde Aristóteles- se conocen cuatro clases de causas:
·
Material,
responde a la pregunta ¿de qué está hecho el objeto en estudio? V.gr., granito; cemento.
· Formal, ¿qué es el objeto en estudio?,
¿cuál es la forma que lo hace ser lo
que es? Una escultura o un bloque recién cortado; un amasijo de cemento o una
cortina de una presa.
· Eficiente, ¿quién hizo al objeto? El
escultor; el ingeniero.
·
Final,
¿para qué o por qué lo hizo?[27]
Creación artística; generación de electricidad y acopio de agua.
No está al alcance de las Ciencias
Naturales (por su objeto de estudio y su metodología) descubrir la Causa
Eficiente (Quién lo hizo), ni la Causa Final (Por qué o Para qué lo hizo) del
Universo mismo, de la vida y de la vida inteligente; pero tampoco le es legítimo atribuirlo a la
casualidad. Es más lógico —y hasta ético- decir que esas preguntas no son para
las Ciencias Naturales, cuyo dominio es la experimentación y la medición del
binomio materia/energía en todas sus manifestaciones sujetas al espacio y al
tiempo.
Conocer para realizarnos,
pero ¿sobre arena o sobre roca? La Epistemología, en su acepción de
Filosofía de la Ciencia, permitiría a las Ciencias Naturales suponer y llegar a
establecer que la aparición de la vida y del hombre en la Tierra —o en
cualquier otro planeta- ha ido y podría ir acompañado de “N” choques entre
átomos de Carbono, Nitrógeno, Oxígeno, etc.,
sazonados por cataclismos geológicos y atmosféricos, durante miles de
millones de años, en “N” lugares del Universo. Todo ello como condiciones y/o
circunstancias que han ocurrido junto con la aparición de la vida, pero ninguna
de ellas como causa eficiente ni final.
La misma Epistemología exigiría reconocer que ni la materia, ni la
vida, ni el espíritu de los terrícolas ni de los ET’s pueden llegar a ser, pasando del no-ser a ser, como acción
de la nada, o de la materia inerte en sí misma, o de la materia viva —desde la
bacteria o protozoario al primate más avanzado-, porque «lo que no-es no puede llegar a ser,
por sí mismo»; “de la nada, nada sale”, ex
nihilo nihi.
Hay una cierta tendencia en el mundo científico
de vanguardia de repetir los afanes de incursionar en la Metafísica y,
además, hacer “teología”. La causa de
esto está, en parte, en eso que Juan
Pablo II llama «la tentación de la Ciencia de convertirse en religión», y en parte por la inevitable ansiedad que
reaparece cada vez que la mente científica se topa con arcanos inagotables o
con preguntas que sobrepasan la capacidad epistemológica de “su Ciencia”. Verlinde[28]
pone al día la grave confusión operada en la mente de investigadores y divulgadores
de la Ciencia —exaltados y obnubilados por los avances en la Física Cuántica-
cuando se convierten de científicos en
filósofos metafísicos. La lista de autores inmersos en esta confusión es muy
abundante; la mercadotecnia premia las narraciones que hacen desaparecer la
necesidad de un Dios creador, y, en segundo término, a las que transforman al
Dios regidor en un fenómeno más de la vorágine cósmica. Los siguientes plumas son
particularmente representativas de este yerro: Alice Bailey (New Age), Fritjof Capra, Jean Guitton,
Stephen Hawking y Trinh Xuan Thuan, —y
todas pertenecen a los siglos XX y XXI-.
Parte VIII: El Extraterrestre visto desde la Fe. ¿Es la
Fe razonable?
En una primera hipótesis que proponemos,
el Extraterrestre inteligente y con alma espiritual —si lo hubiera-, al
compartir su naturaleza con su hermano, el terrícola, compartiría también su
condición de «humano» y de «persona», independientemente de la clasificación biológica
o taxonómica de Género y Especie que se le asignara. Este parentesco incluiría
la posesión del Pecado Original.[29]
Si hubiese Extraterrestres equiparables
al ser humano, “unidad de cuerpo y alma espiritual e inmortal”, creado a
“imagen y semejanza de Dios”, imago Dei,[30]
éstos estarían esperando la Evangelización y la salud del Bautismo, porque —en nuestra opinión- repugnaría a la razón
que haya habido una segunda versión de Adán, un «Adán B» (o “bis”), cuando,
reflexionando sobre el hombre —imago Dei-,
concluimos que cada uno es único, completo e indivisible[31]
y, por tanto, insustituible.
Al llegar a este punto de nuestro ensayo
dejamos el ámbito de las Ciencias Naturales e iluminamos em camino con la Fe.
¿Es razonable la certeza que nos da la Fe?
Sí, porque esta Fe se basa en la autoridad moral de alguien digno de crédito.
El «acto de fe» (en su acepción común y corriente) es un ejercicio vital que
repetimos los humanos en todas nuestras horas de vigilia, de la cuna a la
tumba: ¿a quién le creemos cuando nos amamantan, nos llaman, nos informan, nos
compelen, nos guían, nos hablan, nos curan, nos corrigen, nos besan, nos dicen
que nos aman? Y ¿por qué les creemos? Les creemos porque reconocemos su autoridad
moral, nos sometemos a la credibilidad de nuestros interlocutores.
La Fe sobrenatural es razonable porque se
basa en la autoridad moral de Cristo, Hijo de Dios y capaz de morir
voluntariamente en la Cruz para refrendar Su misión, y en la autoridad moral de
los testigos de su Resurrección y de la Redención que se obtuvo gracias a Él, y
en la de los incontables santos y mártires, desde el diácono Esteban hasta los
miles de cristianos sacrificados en el Medio Oriente y países islámicos del
siglo XXI.
Parte IX:
Conocer, sí; pero ¿para, qué?
El peligro de transmutar al ser humano en
un alienígena en su propio planeta.
El Humanismo Cristiano es el baluarte de la Persona.
Cualquiera que sea la hipótesis que se
escoja en relación a un asunto tan enigmático como el Extraterrestre, parece un
hecho evidente que el ser humano —en los países occidentales, principalmente- está
en proceso de ser convertido en un espécimen que, bien pronto, ni el Hacedor
que lo creó lo podrá reconocer.
A continuación se identifican a cuatro
ejemplos de distorsiones morales que apuntan hacia esta vieja ambición gnóstica
de “recrear al ser humano”, esbozada en las figuras de Prometeo, Fausto y Frankestein y
exacerbada por la explosión de logros
tecnológicos y científicos de la Postmodernidad:
A.
La
práctica generalizada de la Eugenesia (la
Eugenesia “popular o democrática”), la licencia para matar —en lo individual o
en masa- a los especímenes que no
“aportan” al género humano, v.gr.:
enfermos terminales y discapacitados, ancianos “incosteables”, bebés indeseables y sujetos de “razas” inferiores.
B.
La
ideologización de la Ecología que produce a la corriente radical autollamada “Ecología Profunda”, nombre adoptado por
la nueva idolatría a la “Madre Tierra”, oscuro sujeto de la literatura, la
mitología y la ecologismo, convertido en tótem en sustitución de la Providencia
judeo-cristiana.
C.
El
rechazo a reconocer la dignidad de la
persona humana que lo hace diferente al resto de los seres del reino animal por
ser consciente y responsable de sus actos y, por ende, comprometido con el
cuidado del resto de la Naturaleza, proponiendo el “antiespeciesismo” (el
rechazo a la superioridad de la especie humana sobre las otras especies). Esta
sutil corrección da lugar a las “personas
no-humanas”, i.e.: algunos mamíferos
superiores a los que convierten en sujetos de la ley y a los “humanos
no-personas”, i.e.: enfermos
mentales, embriones humanos, etc., a los que se les despoja de su derecho a la
vida, entre otros.
D.
La
nueva Ideología de Género, para la
que no hay diferencias biológicas y genéticas entre niño y niña, entre varón y
mujer, que no pueda ser deshecha (decostruida)
por la voluntad arbitraria del individuo y pudiendo así escoger el “género” que
más le acomode. Ideología que, con el pretexto de combatir la discriminación,
es impuesta, en las leyes y la educación, como pensamiento único por las
izquierdas marxistas y anarquistas, los lobbies Gay, los organismos
internacionales políticos y financieros y los medios masivos de comunicación y
del espectáculo.
Quizá, en lugar de elucubrar sobre la
vida en el Espacio Sideral, convenga pensar en cómo salvaguardar el “significado del ser humano”, antes de
que cualquiera de estas ideologías terminen convirtiendo al terrícola en un
alienígena.
El Humanismo Cristiano es el baluarte de la Persona.
El concepto que tengamos
de persona, pieza fundamental del
Humanismo Cristiano se convierte en indispensable para analizar estas nuevas
propuestas o tesis moralistas que violentan el concepto de varón y mujer que,
hasta hoy, aún prevalecen, aunque cada vez menos en los países en vías de
descristianización.
La primera noción a aceptar o el primer
ladrillo a colocar en la base del significado
del ser humano, reside en ver, en todo hombre, en todo homo sapiens con capacidad de razonar en acto o en potencia, a una persona
con responsabilidades y derechos.
Las épocas de la historia de la
Humanidad, sin importar latitudes o pueblos, pueden juzgarse según lo que haya
prevalecido en su seno, a lo largo del rango entre:
·
participación
vs despotismo y
·
respeto
y promoción de la vida vs uso
pragmático de la muerte,
y su ubicación en estos rangos ha dependido
de si en los pueblos se ha descubierto y respetado —explícita o tácitamente- a
la persona inserta en todo ser
humano, o, por el contrario, si sistemáticamente la han olvidado, atropellado y
hasta sustituido por ficciones ideológicas (por ejemplo: la causa, la clase, la
nación, el partido, la raza, etc.).
A la luz del Humanismo Cristiano y frente
a las nuevas propuestas ideológicas deshumanizantes, se nos plantean dos
preguntas:
·
¿La
sola hipótesis de la existencia de Extraterrestres (porque eso es lo único que
existe, una hipótesis) justifica el desmantelamiento del orden moral contenido
en el Humanismo Cristiano, bajo el presupuesto (la piramidación de hipótesis) de que el descubrimiento del alienígena
representaría la prueba de que la Revelación cristiana es un mito?
·
¿El
afán, casi lúdico, de propagar la creencia en la hipótesis sobre los Extraterrestres
con sus numerosas modalidades, no constituirá una peligrosa distracción y una
malévola tentación para abandonar al Humanismo Cristiano, único antídoto eficaz
frente al avance arrollador de las nuevas ideologías enlistadas?
Parte X:
Epílogo.
«Querer saber más»[32]
exige comenzar por no olvidar los límites de la inteligencia del ser humano:
1)
reconocer
cuándo “no se sabe”;
2)
reconocer
cuándo es que “no se puede saber” con sólo la inteligencia propia;
3)
“si
se sabe, hay que obrar en consecuencia”, y
4)
“para
realizarse como lo que uno es (de acuerdo a nuestra naturaleza) —para cumplir
con el deber ante uno mismo y ante el otro- hay que buscar saber lo que se
necesita saber” (la formación de la «conciencia recta» para la plena
realización del ser humano).[33]
Cualquiera
que sea nuestra decisión o la dirección de nuestra investigación de lo conocido
y lo por conocer sobre el Extraterrestre, sobre el diálogo Ciencia-Fe o sobre cualquier
otro tema de relevancia, el presente ejercicio tiene el propósito de proporcionarnos alertas, entusiasmo,
herramientas y salvaguardas para utilizar —en todo su potencial- a la
inteligencia, facultad de nuestra alma espiritual donde reside nuestra
capacidad de descubrir la verdad y el error a fin de que nuestra voluntad pueda
amar al bien y repudiar al mal que aquéllos contienen.
En
este dilema radica la decisión más importante de nuestra existencia; una decisión racional, «aquí y ahora», sin importar si estamos o no
solos en el Universo o si existen más Universos del que conocemos.
- t -
[1] Juan Pablo II (1920-2005), Constitución Apostólica para las
Universidades Católicas “Ex corde
Ecclesia”, 1990, Núm. 7
[2] Dan Brown, autor de exitosas novelas
llevadas al cine, que se presentan como si pertenecieran al género
histórico-científico, pero que caen en
lo insulso bajo el peso de los infundios e inexactitudes que contienen, recién
publicó su siguiente best seller, “Origin”, con un tiraje inicial de dos
millones y por traducirse a 42 idiomas. ¿La trama?, la Ciencia logra descubrir
la forma de “crear” vida, desplazando finalmente
de la «fórmula» tradicional al Dios-Creador y
arrojando a la religión a la obsolescencia. El éxito mercadotécnico de
Brown —2OO millones de ejemplares de sus novelas “in print”-, lo explica la siguiente frase de Chesterton: “Esta no
es la edad de la fe, es la edad de la credulidad” (1916); otra expresión
similar que se le atribuye a Chesterton es: “El problema con el hombre contemporáneo
no es que no crea, sino que cree en cualquier cosa”. Ver:
§ S. Lyall, “The
World According to Dan Brown“, The New York Times, Books, Profile,
September 30, 2017. https://nyti.ms/2fEZQ30
§ J. Maslin, “In
Dan Brown’s ‘Origin,’ Robert Langdon Returns, With an A.I. Friend in Tow“, The New York Times, Books of The Times, October 3, 2017.
§ D. Ahlquist, comp., “Way of Wonder,
Wisdom from G. K. Chesterton », Pauline, Boston, 2016.
[3] J. Maritain (1882-1973),
“Los Grados del Saber. Distinguir para Unir”, ed.
orig. 1932, Club de Lectores, Buenos Aires, 1983. Pág. 5.
[4] S. Vargas Montoya, “Metafísica y la Teoría del Conocimiento,
Porrúa, México, 1977. Pág. 243.
[5] § F. Van
Steenberghen: “…la Epistemología (…) estudia la naturaleza, las condiciones y
el valor del conocimiento [de cada ciencia], sin prejuzgar nada de los
resultados o de las consecuencias de su estudio…” Págs. 13 y 31 a 34
(1) “La
Epistemología [o Teoría o Filosofía de la Ciencia] debe comportar ante todo un
análisis de los datos inmediatos del
conocimiento, una descripción de
los elementos constitutivos de la conciencia… [esta faceta es la llamada:] Epistemología analítica o descriptiva…”
Pág. 89
(2) “…Sobre la
base de esta descripción, se podrá
intentar una crítica [análisis o
estudio] del conocimiento que apunte
a establecer el valor y las posibilidades del saber humano [esta faceta da lugar a la Epistemología crítica [que
consiste en determinar cuáles son, en realidad, los datos constitutivos de mi
conciencia…]… Pág. 32
(3) “…Este análisis y esta crítica
señalan el objeto de una tercera disciplina, cuyo fin será determinar las leyes
generales de la actividad discursiva del espíritu [y con esto se constituye la Epistemología lógica, donde se hermanan
la Epistemología y la Lógica]. (Pág. 89) (…)” Pág. 309, “Epistemología”, ed.
orig. 1947, Gredos, Madrid, 1956 Ver también:
§ N. Abbagnano, “Diccionario de Filosofía“, FCE, México, 1963.
[7] J. Balmes: “El estudio de la filosofía debe comenzar por el
examen de las cuestiones sobre la certeza : antes de levantar el edificio
es necesario pensar en el cimiento(…) La filosofía debe comenzar por no
disputar sobre el hecho de la certeza , sino por la explicación del mismo““
“Filosofía Fundamental“, BAC, Madrid, 1963. Pág. 8 y 12.
[8] “Crítica”, en su acepción original = estudio ; “Gnoseología”
= tratado (logos)del Conocimiento (gnosis).
[9] Aristóteles prefiere ubicarlos como categorías del ser, en lugar
de que constituyan un tipo o modo de realidad.
[10] R. Alatorre, op. cit. Pág.
35.
[12] § J. Balmes: “…la filosofía (…) se dirá, no comienza por un
examen, sino por una afirmación(…) Los filósofos se hacen la ilusión de que
comienzan por la duda; nada más falso; por lo mismo que piensan, afirman,
cuando no otra cosa, su propia duda; por lo mismo que raciocinan, afirman el
enlace de las ideas, es decir, de todo el mundo lógico.“, op. cit.. Pág. 12.
§ R. Jolivet, “Curso de Filosofía“,
Desclée de Brouwer, Buenos Aires, 1978. Pág. 232 y ss.
§ F. V. Steenberghen, “Ontología“,
ed. orig. 1946, Biblioteca Hispánica de
Filosofía, Gredos, Madrid, 1965. Pág. 63 y ss.
[13] § Mateo 6, 13.
§ El Maligno o Malévolo tiene varios nombres y tres
características principales. El Diablo (vocablo de origen griego) o Satán
(hebreo) es el que obstruye el camino o el que divide; es el Homicida desde el
origen (y desea nuestra muerte) y es el Padre de la Mentira, como lo evidencian
los tres engaños que acompañan al hombre que antepone su confianza en él mismo
a su confianza en Dios: “Y dijo a la mujer [Eva]: «¿Cómo es que Dios os ha dicho: No comáis de ninguno de los árboles del
jardín?» Respondió la mujer a la serpiente: «Podemos comer del fruto de los
árboles del jardín. Más del fruto del árbol que está en medio del jardín, ha
dicho Dios: No comáis del él , ni lo toquéis, so pena de muerte.» Replicó la
serpiente a la mujer: «De ninguna manera
moriréis (1). Es que Dios sabe muy bien que el día en que comiereis de él, se
os abrirán los ojos y seréis como dioses (2), conocedores del bien y del mal
(3)»”. Génesis, 3, 1-5.
[14] § Isaac Asimov, “”El Universo”, Alianza Editorial, Madrid, 2009.
§ Colin A. Roman, “Secretos del
Cosmos” (“Man probes the Universe”),
Salvat, 1969.
[15] 2 Pedro 3, 4. Salmo 90 (Vg. 89): “Mil años para ti son como un
día que ya pasó; como una breve noche.”
[16] F. Van Steenberghen, “Ontología”, op. cit. Págs. 35 y 40.
[17] Entrevistado por Tim Turner, fundador de CNN. Obtenible en internet: CNN, “A Dialogue Sagan-Turner“, 1989.
[18] Conferencias dictadas en 1997, en la UPAEP, Puebla, como parte del
“1er. Encuentro Internacional entre Fe y Cultura”: “El Cristianismo en el Umbral
del Tercer Milenio”, 1997.
[20] El riesgo a la
desesperación fue descrito brillantemente por Jean Paul Sartre, 1905-80, filósofo
con la imagen pública de “ateo”, en su afirmación: “El hombre es un ser para el
absurdo”, condenado a regresar a la nada, de donde habría provenido. La frase
también se atribuye a M. Heidegger, 1879-1976. Sobre el supuesto ateísmo de
Sartre, cfr.:
§ A. Bermúdez, “El Ateísmo Moderno”, podcast “Punto de Vista”, ACI
Prensa, www.youtube.com. https://youtu.be/hv3VapLuS6E
[22] Cfr. Mateo 9, 1-8, Marcos 2, 1-12, Lucas 5, 17-26, curación de un
paralítico y perdón de sus pecados.
[23] Esta “caracterización” del Ser Supremo es una nota distintiva y
única de la Revelación judeocristiana que, si bien, es eminentemente teológica
—una verdad o misterio de Fe-, ilumina toda la acción de la razón mediante sus
implicaciones metafísicas. Por un lado, el que se ha nombrado o definido a sí
mismo como “Yo soy el que soy”, lo constituye —ante nuestros ojos- como el
«Otro», un «Otro» único e inigualable, y
en un Ser totalmente independiente de los seres humanos a los que Él mismo
se revela. Con esto, cualquier forma de
panteísmo resulta insulsa.
Esta primera constatación implica,
necesariamente, que «Él» nos reconoce y
que «uno mismo» se descubre como “yo mismo”, como un interlocutor válido y como
un ser distinto a ese Otro y a otros. Por otro lado, provee la clave para
evitar el endiosamiento del hombre; vacuna al hombre al descubrirle el ridículo
de la tentación a considerarse o a buscar, como Prometeo, ser “como dioses”.
Finalmente, “…se debe añadir que la
primera verdad absolutamente cierta de nuestra existencia, además del hecho de
que existimos, es lo inevitable de nuestra muerte [esto es, la contingencia y
finitud de nuestro ser].” Juan Pablo II, Fides
et Ratio”, 1988, Núm. 26.
[24] § N. Abbagnano, “Diccionario de Filosofía“, FCE, México, 1963. Cfr.:
§ M. Hamburg, “Statistical Analysis for Decision Making, an Introduction to Clasical
and Bayesian Statistics, Harcourt, Brace & World, 1970.
[25] Benedicto
XVI, “Preguntas y Respuestas ante párrocos de las diócesis de
Belluno-Feltre y Treviso”, julio 24,
2007.
[28] J.M. Verlinde, “La deité sans nom et sans visage, Le Défi
de l’Esotérisme au Christianisme”, Tome II, Saint Paul, Paris, 2009. Pág.
37 a 42, traducción libre del francés.
[29] Paulo VI: “Mantenemos, pues, siguiendo el concilio de Trento, que el pecado
original se transmite, juntamente con la naturaleza humana, por propagación, no
por imitación, y que se halla como propio en cada uno.” “Credo del Pueblo de Dios“, Núm. 16-18, junio 30, 1968.
[30] Génesis, 1, 26-27.
[31] Juan Pablo II, Discurso ante la UNESCO, Paris, 1980.
[32] Aristóteles: “Todos los hombres tienden por naturaleza al saber”,
citado por:
§ Julián Marías, “Historia de la
Filosofía, 34ª. ed., Revista de Occidente, 1983. Pág. 60.
[33] El hombre y la mujer son las únicas creaturas que nacen
inacabadas, y ellos tienen que realizarse terminando de hacerse ellos mismos;
como sugiere el poeta griego Píndaro (518 a.C. - 438 a.C.), nuestra tarea es llegar a ser lo que somos. De ahí la
importancia de la educación y de su meta principal: la adquisición de una «conciencia
recta» que guíe al ser humano al emplear su libertad, a fin de que sus
decisiones vayan acorde o realicen su naturaleza. Con esto, se evoca la
definición de Aristóteles sobre lo que es bueno: Lo bueno para un ser es
aquello que es acorde a la naturaleza de dicho ser.
La vida fuera de la Tierra es un pretexto en este ensayo para revaluar a la inteligencia y usarla cada vez mejor. En nuestra razón, voluntad y libre albedrío reside la dignidad del ser humano. Y hoy más que nunca es indispensable que los empleemos para evitar la deconstrucciôn del ser humano por ideologías y modas descabelladas.
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