miércoles, 9 de enero de 2019

Competencia, Ética y Competitividad a la luz del Liberalismo y del Neoliberalismo


Luis Ignacio Olmos y Velderrain

Serie de treinta artículos, publicados en El Financiero, México, en 1993, más dos adenda:

"Liberalismo y Vida en Sociedad", 1994
"El Neoliberalismo entre Católicos", 1995


El autor decidió incluirlos en este Blog debido a que la sociedad mexicana, en 2019, se enfrenta al falso dilema entre Socialismo y Neoliberalismo, ambos profundamente utópicos y agresivos contra el ser humano como «persona». 

El primero, recurriendo al Estado (sea como Gobierno, Partido, Movimiento, etc.) considerándolo el factótum de la felicidad en la Tierra, el nuevo "reino de la Justicia" a construir, en palabras del Presidente de la República recién elegido. La propuesta, a veces llevada al poder por las armas (revoluciones del tipo bolchevique) o, bien, por chascos democráticos en que masas de votantes han sido hábilmente conducidos ya sea por el decepcionante desempeño de los corruptos regímenes liberales y/o mercantilistas, ya sea por el efecto del Flautista de Hamelin, prometiendo irresponsablemente prebendas sin fin (populismos de Izquierda).    

El segundo, endiosando al individuo (el hombre explicado por su egocentrismo) y disfrazando con "la mano invisible" del mercado a las atávicas miserias humanas de la codicia, la avaricia y la mezquindad, ofreciendo a cambio riqueza, poder y placer, pero sólo para algunos que cuenten con "poder adquisitivo". Trasfondo presente tanto en Adam Smith (siglo XVIII) como en Frederick Hayek (s. XX). También aquí Hamelin se hace presente, interpretando las tonadas del racismo, la xenofobia, el nacionalismo y el aislacionismo (populismos de Derecha).

La Doctrina Social de la Iglesia, cuyo primer eslabón para la Modernidad fue la encíclica Rerum Novarum, de León XIII, en 1891, no ha dejado de desarrollarse, enriquecerse y de probar, una y otra vez, que sin la «persona» como centro y razón de ser de todas las estructuras sociales, comenzando con la «familia», toda ideología ofrecerá paraísos utópicos y producirá infiernos variopintos. La Historia mundial no nos deja mentir.

La serie Competencia, Ética y Competitividad a la luz del Liberalismo y del Neoliberalismo, pretende hacer ver, bajo la óptica del Humanismo Cristiano, que no hay diferencias entre la antigua y la nueva versión de Liberalismo que se apoderara de la escena mundial y de la política mexicana en el gobierno de Carlos Salinas de Gortari (1989-1994), al mismo tiempo en que se muestra que la respuesta a sus efectos negativos no es el Socialismo marxista, ni gramsciano, ni de otras variantes. 

Esta turbulencia ideológica, de uno u otro color, poseen, al menos dos denominadores comunes:

1)             Su animosidad virulenta y profunda contra la Iglesia Católica y las intervenciones de los Papas en materia social. Esta agresividad que comparten las utopías analizadas deja ver el por qué: la defensa infranqueable de la «persona humana», de todo el hombre y de todos los hombres, abanderada por la Iglesia Católica.

Por el lado del Neoliberalismo, entre los denostadores más furibundos del Papa Francisco, actualmente, encontramos a los capitalistas norteamericanos unidos a los pseudo católicos integristas que les horroriza oír al Papa hablar a favor de la justicia social y de la ecología responsable. Para estos, la Iglesia "necesita de los pobres y por eso desea su multiplicación".

Mientras que la Izquierda mantiene, desde el "Manifiesto Comunista" (1848), la afirmación de que la religión —y principalmente el Cristianismo- es "el opio de los pueblos", solamente útil en la medida en que a los católicos se les pueda enganchar —engatusar- en el cabús o furgón de cola del tren de la Historia «conducida irremisiblemente» por Hegel, Feuerbach, Marx, Engels, Lenin, Stalin, Castro, Chávez, Maduro, el Feminismo Radical, la Ecología Profunda, etc.

2) La entronización de la «Dictadura del Relativismo», disfrazada de civilización de la tolerancia, cuya primera víctima ha sido el sistema democrático. ¿Qué puede esperarse de un votante al que se le han inyectado las consignas de que: la verdad no existe; cada quien tiene su verdad; si crees en una verdad entonces eres un intolerante peligroso; la única verdad es que todo cambia salvo la "verdad" de que «Dios ha muerto»? Una vez en el poder político y con el control de la educación y la cultura, esta pseudo filosofía cesa de promulgar la tolerancia y no deja otras opciones a ciudadanos y familias más que: o se resignan o se adhieren, "porque no se puede ir contra la Historia".


El lector interesado en alguno de los ángulos aquí tocados encontrará en Competencia, Ética y Competitividad a la luz del Liberalismo y del Neoliberalismo, pistas de utilidad para escapar al marasmo de las utopías y de las dictaduras, tanto de las actuales como las que están por implantarse.

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