jueves, 29 de septiembre de 2016

SINTESIS: El ET visto por la Ciencia y la Fe, ed. 17-octubre–2019





SINTESIS

Versión de octubre 17, 2019
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INDICE de la SINTESIS

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Parte

I: Introducción, objetivo y delimitación del tema.

II: «Comprender para creer; creer para comprender»,  «aquí y ahora».

III: Dos ejemplos de extravíos de la razón:
  • Mi «doble» que habita en un Universo paralelo, y
  • La Evolución convertida en fenómeno religioso.

IV: Conocer, pero ¿con qué?   ¿Cuál es nuestra Teoría del Conocimiento?

Tres advertencias:
  • ·      Creer sin pensar es tan grave como pensar sin creer.
  • ·      La  Anorexia intelectual, “la Inteligencia es capaz de destruirse a sí misma”.
  • ·      El origen de la Mentira y promotor del Error. 

V: Escudriñando criterios que ayuden a opinar sobre el Extraterrestre con respecto a:

(1) El Espacio Sideral o Cosmos.
(2) El Hombre como ser capaz de conocer, capaz de la verdad.
(3) El Extraterrestre visto como mera hipótesis científica.

VI: Extendiendo puentes entre Astronomía, Psicología, Filosofía  y Fe. El Humanismo Cristiano.

VII: Posibilidad y probabilidad de una hipótesis científica. ¿Conocer para construir sobre arena o sobre roca?

VIII:  El Extraterrestre visto desde la Fe. ¿Es la Fe razonable?

IX:  Conocer, sí;  pero ¿para, qué?  El peligro de transmutar al  ser humano en un alienígena en su propio planeta.

X:  Epílogo.




Parte I: Introducción, objetivo y delimitación del tema.

Las creencias alrededor de los Extraterrestres (ET’s) oscilan desde la mera fantasía hasta la supuesta comunicación entre  terrícolas y misteriosos entes o seres  confundidos en la mezcla nebulosa de la sugestión, por un lado, y lo preternatural, por otro.

¿Existe vida inteligente fuera de la Tierra?, ¿cómo se relacionaría con la Revelación cristiana?, ¿su existencia sería compatible con ella o se contradirían?

El ET representa, antes que un enigma científico válido, un craso problema de credulidad; de credulidad destructiva de la razón.

¿Tendrán las Ciencias Naturales y la Fe todavía algo que decirnos sobre este tema antes de que el Humanismo Cristiano sea eclipsado por sombras de creencias en ET’s sumados a un retorno triunfante de brujos, ídolos y mitos gracias a una sistemática devaluación de la razón?

El presente ensayo es una «búsqueda» de la realidad como nos han enseñado a hacerlo los forjadores del Humanismo Cristiano. Quizá descubramos que la existencia del ET es el menor de los enigmas que hoy enfrentamos, frente al hecho de que lo que está en juego, al inicio de la Postmodernidad, detrás de los embates contra la razón, es el “significado mismo del ser humano”. [1]

Cada uno de nosotros, sin excepción, al enfrentar dilemas de importancia, en la vida diaria, exclamamos o escuchamos el reclamo irrenunciable:

·       « ¡ Dime las cosas como son ! »
·       « ¡Háblame claro y no disfraces la realidad ! »

Este ensayo trata de esta exigencia.

Paralelamente a la reflexión sobre los Extraterrestres, en este ensayo se intentará describir una transformación observada en el seno de la Iglesia ¿Es el cambio en la actitud de la Iglesia frente a las Ciencias, por un lado,  y, por otro lado, frente al disenso teológico (controversias y cuestionamientos destructivos contra el Magisterio de la Iglesia) una corrección o una profundización? 

Finalmente, veremos cómo el Humanismo Cristiano podría ayudarnos a dilucidar qué hay de recto y qué de tortuoso en las más recientes propuestas ideológicas que —sin necesidad de que nos invadan Extraterrestres en plan de conquista-  ya están ahora mismo y en este planeta “deconstruyendo” al hombre —creado a imagen y semejanza de Dios- y queriendo sustituirlo por una u otra ficción —un “alienígena”- con la varita mágica del aprendiz de brujo del Cientificismo contemporáneo y la tecnología de punta.


Parte II: «Comprender para creer, creer para comprender» ,  «aquí y ahora».

Las personas que creen que para la existencia del Universo, de la vida y de seres  inteligentes en la Tierra, no hubo necesidad de la participación de un factor por arriba de lo empíricamente identificable,  ignoran las leyes fundamentales del pensamiento, int. al.:

·     «no se puede dar lo que no se tiene»;
·     «lo que no-es no puede llegar a ser, por sí mismo»;
·     «todo cuanto comienza a ser, requiere necesariamente una causa», y
·     «lo que no es por sí mismo, es por otro, distinto de sí mismo».

En consecuencia, algunos científicos y autores “comercialmente correctos” atribuyen el origen del ser, de la vida y de la inteligencia al «acaso», al «caos», o a la misma «nada». Se diría que para aquéllos, la Astronomía  ha alcanzado ­—por el solo transcurso del tiempo y del avance científico- la capacidad de “descubrir” que “Dios no existe”, llenando ese hueco con «imponderables». [2]

El Humanismo Cristiano propuesto por la Iglesia afirma que no hay conflicto entre Razón y Fe, entre Ciencias Naturales y Teología. La frase de Agustín de Hipona, “Intellige ut credas, crede ut intelliges”, constituye en y para el pensamiento católico una divisa que va unida, como corolario, a la frase de Jesús: “…conocerán la verdad y la verdad los hará libres.” Así mismo, en la aventura del conocimiento, en general,  y en el diálogo entre Ciencias Naturales y Teología, en específico, creemos que es fundamental saber «distinguir para unir» [3] so pena de confundir mezclando lo que es como el agua y el aceite.


Parte III: Dos ejemplos de extravíos de la razón:

Mi «doble» que habita en un Universo paralelo: Adherentes a la corriente de la New Age y algunos científicos afirman que usted, yo y todos tenemos un “doble”, que vive en otra dimensión, en algún Universo paralelo.

Esta conclusión es muy desafortunada, porque las Matemáticas —generadoras de modelos de universos paralelos de donde la New Age toma la idea- no “crean” realidades materiales ni espirituales; las imaginan y soportan con lógica (matemática), las describen en nuestra mente a base de realidades que son ideas (entes de razón) y, por lo tanto, sólo existen en nuestro pensamiento: “Es posible todo objeto del pensamiento que no entraña contradicción. El posible tiene tan solo, existencia mental.”[4]

La Evolución convertida en fenómeno religioso: Hay otro ejemplo en el que la razón no sale bien librada y que, a pesar de ser muy controversial, puede ser útil para nuestro propósito principal. Se trata del célebre jesuita Teilhard de Chardin (1881-1955), quien aborda con pasión y talento literario el fenómeno de la Evolución que permea al binomio materia/energía, así como la compatibilidad entre:
·       sus «observaciones» —más que hipótesis y hallazgos científicos- en Geología y Paleontología (conocimientos sujetos a las reglas del Empirismo),
·       con sus afirmaciones en materias:
§  de Filosofía (definida como ejercicio de abstracción intelectual sobre el ser y sus causas últimas) y
§  de Teología (entendida como reflexión del intelecto sobre los Misterios de la Fe o Revelación de Dios hacia el hombre).

Teilhard, en su intento de unificación del saber, va mucho más allá de buscar la compatibilidad entre la teoría de la Evolución de la Naturaleza y el Universo para con el dogma católico. Puede decirse que, inclusive, prescinde de la Geología y la Paleontología y sus observaciones y aportaciones se fundamentan en una especie  de intuiciones o «revelaciones» obtenidas por él, las cuales reconoce específicamente haber experimentado desde muy joven y  que buscó plasmar en literatura, usando una poesía en prosa religiosa con la que agrega profundas y más que atrevidas incidencias en Filosofía y Teología.

Este somero análisis de un caso tan debatido busca exponer una exigencia fundamental de la Epistemología[5]: con los métodos de la Geología y Paleontología —aún con tintes poéticos y místicos brillantes-, no puede hacerse Filosofía ni Teología.

Y, como veremos al respecto de la existencia del Extraterrestre, tampoco se puede hacer Filosofía ni Teología con los métodos de la Astronomía ni de la Astrofísica.

Las lecciones «post-Teilhard» nos brindan luces para ahondar en el desafío del diálogo entre Ciencia y Fe, no en el pasado, sino hoy y a futuro.[6]


Parte IV: Conocer, pero ¿con qué?   ¿Cuál es nuestra Teoría del Conocimiento?  Tres advertencias:

(1) Creer sin pensar es tan grave como pensar sin creer: En toda aventura de la inteligencia[7] es indispensable la adopción de una prudente Teoría del Conocimiento, a la que también se le llama Crítica o Gnoseología[8] y que es un capítulo o parte de la Filosofía.

Toda Teoría del Conocimiento busca ayudar al hombre a responder a las preguntas iniciales básicas y existenciales: «¿qué es?, ¿quién es?, ¿qué es existir? y ¿quién existe». Para responder a esto Alatorre desglosa las diferentes  realidades del ser —a la luz de la razón, sin intervención de la Fe- de la siguiente forma:

·       La realidad material (entendida como materia física), se da en el tiempo y en el espacio, es mensurable, ponderable, captable por los sentidos, y también es contingente y finita. Las Ciencias la estudian y conocen de forma empírica o experimental.
·       La realidad de las ideas que no ocupa espacio, no es subsistente en sí misma, sólo existe en la mente del que la piensa (quien le otorga su tiempo). Esto incluye a las Matemáticas y a la Física en su fase Teórica —antes de ser Aplicadas-. Sus hipótesis pertenecen al mundo de lo posible, de las ideas, pero no al Universo espacio-temporal. En tanto que cumplen con la Lógica, son llamados seres o entes de razón.
·       La realidad espiritual [el alma espiritual de cada hombre], no ocupa tiempo ni espacio, pero no se da la existencia a sí misma y no ha existido siempre, por lo que también es contingente y finita (i. e., con limitaciones en sus capacidades).
·       Los valores, que “no son, sino que valen” (García Morente). Son reales pero sólo existen en otros, v. gr.: veracidad, valentía, pureza, justicia, libertad. [9]
·       La realidad divina [Dios], que no ocupa ni tiempo ni espacio; es en sí y por sí; realidad necesaria e infinita; existe desde siempre; existe como principio de todos los seres finitos; es aprehensible a la limitada razón humana sólo por analogía, a través de los seres contingentes y finitos (los seres creados).[10]

(2) La Anorexia intelectual: “La Inteligencia es capaz de destruirse a sí misma. Cuando Chesterton[11] previno del peligro de que la propia razón se atrofie a sí misma, quizá pensaba en los millones de candidatos a crédulos o incautos que parten de la base que nuestra inteligencia «nos engaña» o — peor aún- «nos podría engañar» al proporcionarnos:

·       la evidencia de «mi yo»,
·       la conciencia de que «yo soy»,
·       la conciencia de la certeza de la  existencia de otras cosas (otros entes o seres) que también «son» y
·       la conciencia de la distinción de lo que es con respecto a lo que no es.

Al negarse a aceptar estas primeras luces de la inteligencia, este primer «hecho de conciencia» desconocen, en consecuencia, la validez de los principios lógicos fundamentales que se desprenden de este «acto de introspección» y que son el fundamento de todas las Ciencias Naturales, Filosóficas y Teológicas: [12]

·       Yo soy (primer hecho de conciencia) y no puedo ser y no-ser al mismo tiempo (principio de Distinción).
·       Al afirmarse en la existencia, el ser se reconoce igual o idéntico a sí mismo, o sea, «el ser es» (principio de Identidad).
·       Una cosa no puede, al mismo tiempo y bajo el mismo aspecto, ser y no-ser. Aquello que es, es, y no puede no-ser al mismo tiempo  (principio de No Contradicción).
·       Una cosa es o no es; entre ser y no-ser no hay término medio. Dos contradicciones no pueden ser simultáneamente verdaderas ni simultáneamente falsas (principio de Exclusión del Término Medio).

Para la persona que se ha dejado extraviar por los mensajes llamados “nuevos”, pero que en realidad provienen o de la Antigüedad “mágica”, “pre filosófica” e idólatra, o del Idealismo subjetivista y racionalista de la Ilustración  (“Enlightment”, s. XVII y XVIII, de Descartes, Kant y Hegel), o del Positivismo o Empirismo craso y primitivo (s. XVIII y XIX, de Hume, Comte y Russell) caen en cualquiera de estas trampas, int. al.:

·       “la imagen de mi Yo y de mi entorno son «ilusiones» que hay que eliminar mediante —por ejemplo- la Meditación Trascendental, la cual me liberará del Yo, de los otros y del  dolor, me vaciará de mi Yo y me desembarazará de aquellas ficciones restableciendo mi identidad con el Universo” (precepto del Hinduismo) o mi acceso o inmersión al Nirvana (la «nada» o el aniquilamiento del ser, propuesta del Budismo);
·        “la actividad discursiva de la inteligencia me impide adentrarme en la «realidad sutil» a la que sólo tendré acceso si renuncio a mi razón y acepto la Iluminación de la Iniciación Esotérica, tomado de la mano de «entes» que habitan en lo «oculto» (ángeles, duendes, etc.);
·       “sólo hay un principio absoluto y es éste: que todo es relativo” (atribuido a Augusto Comte, 1798-1857);
·       “¿Qué es la verdad?”, respuesta de Poncio Pilatos como excusa antes de condenar a un Inocente a la muerte para hacer lo políticamente correcto.

En ese desvarío, el hombre debiera saber que lo acecha alguien ávidamente interesado en que se equivoque.

(3) Hay un origen de la Mentira y promotor del Error. Se aborda a continuación un tema que se ubica en las fronteras que constriñen al conocimiento:

·       entre lo que la Ciencia le podrá proporcionar al ser humano y lo que escapa, por definición, al alcance de la razón (científica), a menos que se le atribuya a ésta una capacidad ilimitada;
·       entre lo que, siendo sobrenatural, es la Fe la que nos lo da a conocer, que Dios revela y que el hombre no descubre por sí solo, habiendo —por otro lado-,  mucho que permanece ignoto para nosotros de esa realidad sobrenatural en tanto que somos seres contingentes y finitos.

La Fe católica —si se le ha interpretado bien- propone lo siguiente. Podemos dividir las causas de las “credulidades”  o fuentes de error en dos clases:

(1) las debilidades de nuestra Razón (examinadas líneas arriba), y 
(2) las fuerzas ocultas (u Ocultismo) cuyo origen está en el Demonio, el Malo del que el Padre Nuestro nos habla en forma inequívoca (“Sed libera nos a Malo[13]).

Estas fuerzas o poderes preternaturales nos resultan desconocidos; existen y su vecindad en nuestras vidas es permanente y muy cercana. Son capaces de contaminar la inteligencia, la voluntad, la memoria y, sobre todo,  la imaginación. La frase del poeta Baudelaire (1821-1867) es inestimable: «la mejor astucia del Demonio consiste en hacernos creer que no existe».

Aquellos que se dejan seducir por falacias, en cualquiera de sus modalidades y épocas, tales como visiones, revelaciones o diálogos con (la lista no es exhaustiva):

·       “ángeles”, avatares, elfos, gnomos, duendes o trasgos;
·       demonios, entes o espíritus no humanos;
·       extraterrestres superdotados, etc.,

comienzan por no aceptar al hombre como es, con sus limitaciones en tanto que ser creado, contingente y finito, y prefieren aceptar la ilusión de que el ser humano puede –con la ayuda de alguno de esos personajes sutiles- llegar a saber tanto como el Creador, o rehacer la Creación, o corregirle la plana al Creador, o, mejor aún, liberarse del yugo del tabú judeocristiano de la existencia de un Dios Creador.


Parte V: Escudriñando criterios que ayuden a opinar sobre el Extraterrestre

Para que el tema del Extraterrestre nos intrigue, tendría que tratarse de un ser “personal”, un ser semejante al hombre. Esta cuestión pone a prueba nuestra comprensión de un trinomio de conceptos y las relaciones entre ellos: (1) el Cosmos, (2) el ser humano y (3) la posibilidad de vida fuera de la Tierra.

(1)   «El Espacio Sideral o Cosmos»: La majestad del Universo desafía las posibilidades de la razón, y supera a la imaginación.

En cuanto a las dimensiones de los astros y las distancias, i.e.,  el «espacio», estos son algunos ejemplos: [14]

·       En el Universo existen textualmente «millones de galaxias», 100,000 millones según Asimov. La galaxia Andrómeda, cuya imagen espectacular la encontramos en internet, está a 2,700,000 (dos millones setecientos mil) años/luz de la Vía Láctea y es un poco más grande que ésta, 200,000 años/luz de diámetro y cuenta con 300,000,000,000 (trescientos mil millones) de estrellas.

En cuanto al «tiempo» y la «duración», la contemplación del Universo nos recuerda que

·       “…delante de Dios, un solo día es como mil años y mil años como un solo día.”[15]
·       Muchos fenómenos que observamos en el cielo cuando su destello nos llega, ocurrieron mucho antes de que el hombre apareciera en la Tierra.

Concluyendo, para algunos, la contemplación de la Naturaleza en el Cielo podría abrirnos al infinito, a la trascendencia, a lo espiritual… o a la «desesperación»: “Al ver el cielo, hechura de tus dedos, la luna y las estrellas que pusiste, Señor ¿qué es el hombre para que te acuerdes de él…? (Salmo 8, 4-5), al tiempo en que no podemos evitar otra pregunta: “¿Quién es el hombre que… no haya de ver la muerte?” (Salmo 89, Vg. 88, 49).

(2) «El hombre como ser capaz de conocer, capaz de la verdad». Fernand Van Steenberghen (op. cit.), establece que:

·       “La descripción de los elementos constitutivos de mi conciencia me ha proporcionado, como un dato original e ineluctable, «el ser» o «lo real», objeto de mi primera experiencia [cognitiva] y de cualquier experiencia ulterior; este objeto está representado por mi concepto fundamental: el concepto de «ser», y afirmado por el primero de todos mis juicios: «algo existe».
·       “La crítica de mi conocimiento comenzó por la crítica del conocimiento del ser [constituyendo mi Teoría del Conocimiento]: la experiencia [cognitiva] del ser se me ha manifestado como una experiencia sin posible ilusión ni confusión; el concepto de ser [el ser aprehendido por mi razón] excluye toda posible deformación; la afirmación del ser excluye toda posibilidad de error. (…)
·       “La materia existe, mas sin saberlo. Yo se que ella existe y que yo existo. Sin comprender por qué algo existe, comprendo que alguna cosa existe; soy «inteligente», esto es, «capaz de conocer el ser». El hombre, se ha dicho con gran exactitud, es un animal que comprende la palabra «es»: la afirmación «esto existe» tiene un sentido inmediato para él.” [16]

En consecuencia, el Extraterrestre podría ser sujeto del conocimiento del que es capaz el ser humano mediante el uso correcto de su razón. El ET —de existir- pertenece al ámbito de lo material o físico, en el tiempo y el espacio, perceptible por los sentidos y está/estaría sujeto a las leyes del conocimiento científico. Por lo tanto, mientras no haya pruebas científicas, es infundado afirmar y/o creer en la existencia del ET.

(3) El Extraterrestre visto como mera hipótesis científica. Los autores Asimov y Roman describen los ingeniosos métodos científicos que el hombre ha utilizado para llegar a descubrimientos sorprendentes sobre el Universo. A su vez, manifiestan el potencial de la inteligencia valiéndose de las Ciencias Naturales, Físicas y Matemáticas, y lo que puede desvelar y con ello, asombranos. Otras cosas, en cambio, le son inherentemente inasequibles, de acuerdo a la Epistemología.

Con respecto al Extraterrestre, frente a la pirámide de hipótesis  sobre su existencia, hay que citar a Carl Sagan (1934-1996). Sagan señaló ante la televisión que —en su opinión- es una petulancia desmesurada que los terrícolas afirmen ser los únicos seres vivos inteligentes en el Universo, pero reconoció que no hay prueba alguna de que esto no sea así y que sigue siendo una posibilidad altamente probable (o sea, una hipótesis). [17]


Parte VI: El Humanismo Cristiano: Extendiendo puentes entre
Astronomía, Psicología, Filosofía y Fe.

El Dr. Pedro Morandé[18], Universidad Católica de Chile, en “Claves para una Comprensión Cristiana de la Crisis de la Modernidad” nos recuerda:

·       “que la vida de cada ser humano es un proyecto de Otro, no de sí mismo.
·       “El «ser» es para el hombre, desde el hombre, un imposible. Este hecho constitutivo de la existencia es el que se oscurece con el Pecado Original que, podría decirse, es la primera formulación de la «voluntad de poder» en el sentido de Nietzsche [y en del mito de Prometeo]. El hombre que cree tener el poder para pasar de la «nada al ser», termina inevitablemente destruido por la mentira, por la idolatría de sí mismo, por la añoranza del “superhombre”, llenando el vacío del ser con la negación de sí [mismo].”  [Por eso la mención de la «desesperación» como eventualidad, líneas arriba].

El Dr. Abelardo Lobato, o.p.[19], 1925-2012, Sociedad Internacional Tomás de Aquino, Lugano, Suiza, en “El Cristianismo y la Promoción de la Dignidad Humana”, proporciona los siguientes elementos de juicio en los límites entre la Fe y la Ciencia:

·       “[La Encarnación] es un hecho  sin precedentes, supera a todos los demás habidos y posibles… Con el paso de los siglos los cristianos lo han ido desvelando. El profundo teólogo protestante Oscar Gullman ha puesto de relieve su sentido para la conciencia del hombre del siglo XX. Toda la obra creadora estaba orientada hacia el hombre. El mundo se rige por un principio «antrópico» [de antropos, hombre]. Llegado el hombre al mundo, todo el Cosmos cobra sentido. Y lo mismo [ocurre] con la venida de Cristo. En Él tiene sentido todo lo humano (…) [Aún el mal —como ausencia del bien-, el sufrimiento y la muerte].
·       “…este centro de todo lo creado, no es un hombre cualquiera, es el hombre por excelencia, es Cristo, el primogénito, el primero de los hombres, el ejemplar conforme al cual los demás han sido sacados de la nada. El hombre es el punto culminante de la obra creadora del Omnipotente. No es [el hombre]el ser de mayor perfección, es el ser de mayor conjunción cósmica. El mundo excede al hombre en grandeza, en multiplicidad, pero el ser humano excede a todo el mundo [y al Universo] en síntesis y plenitud…. Sólo el hombre ocupa el centro de la creación (…)

La angustiante pregunta que se hace el salmista: “¿Qué es el hombre?” implica el riesgo de la «desesperación» que conlleva creerse condenado al absurdo[20]; no es una cuestión que el hombre mismo pueda responderse, es una respuesta proporcionada gratuitamente por la Revelación:

En realidad, el misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado. (…)Cristo, el nuevo Adán, en la misma revelación del misterio del Padre y de su amor, manifiesta plenamente el hombre al propio hombre y le descubre la sublimidad de su vocación. (…)” [21]

¿Cómo podrían ayudar estos criterios al interrogarnos sobre el ET?  Las preguntas y respuestas que encontremos con respecto al hombre necesariamente conducen a respuestas sobre la vida  en el espacio y la existencia del Extraterrestre.

La persona que alimente su escepticismo para con la Revelación al comparar lo inmarcesible del Universo frente a la pequeñez del  ser humano, misma que, según el escéptico, debiera impedir que el hombre se engríe como Rey de la Creación y se considere como el único habitante del Cosmos —la tesis de Carl Sagan, entre muchos-, debería permitirse realizar la lectura inversa de esa grandeza:

¿Constituiría el Universo una catedral suficientemente espléndida para proclamar y honrar a su Creador, para dar posada al Verbo hecho carne que habita entre nosotros, servir de escenario a los Misterios de Cristo y alojar al pueblo de Dios? ¿Y si esa magnificencia fuese un atisbo —un vestigium Dei- para ayudarnos a creer que Él es capaz de crear el Cosmos y mucho más, incluyendo a la persona que se hace esta pregunta? [22]

Todo ello excede los límites de la razón del ser humano. Pero así ha sido siempre cuando nos encontramos ante los designios y los caminos de Dios, “insondables e inescrutables” (Pablo de Tarso, 5-15 — 62-68 d. C.). Si no fuese así, nosotros seríamos dioses y Dios no sería Dios.[23]


Parte VII: Posibilidad y probabilidad de una hipótesis científica.
El origen de la vida escapa a las Ciencias Experimentales.
¿Conocer para construir sobre arena o sobre roca?

La hipótesis científica del Extraterrestre exige considerar dos elementos secuenciales:

·       la Posibilidad y 
·       la Probabilidad.

Calificar a una hipótesis de «posible» es asegurar que no implica una contradicción. El Extraterrestre, en el ámbito del conocimiento que pertenece a las Ciencias Naturales, parece que no implicaría contradicción, por lo tanto «es posible».

A su vez, asignar una «probabilidad» a una hipótesis, es un ejercicio matemático, –por ende- mental. El diccionario Larousse llama a la probabilidad “la concepción científica y determinista del «azar»; el número de veces que algo probablemente ocurra sobre un rango  de ocurrencias posibles en acontecimientos o eventos expresados como ratio (razón) o distribución entre cero y uno”: «Cero de probabilidad = nunca ocurre (0 %); Uno de probabilidad = siempre ocurre» (100%); mientras más eventos reales, históricos, puedan ser tomados en consideración, mayor predictibilidad del evento bajo estudio, hasta cierto punto. Abbagnano[24] nos ayuda precisando que: “Probabilidad es el grado o medida de la posibilidad de un acontecimiento o de una clase de acontecimientos(…), es un «grado de creencia razonable».” En otras palabras, es un acto de confianza, meditado, razonable, pero a fin de cuentas, es una expresión cuantificada de “fe” humana.

Estamos hablando de los límites y alcances de las Ciencias y con ello, no se trata ­—nada más- de una elección entre las Teorías del Conocimiento, o entre las ideologías de moda, o entre las hipótesis más aceptadas, o en una predilección por un sistema de pensamiento u otro. Se trata, principalmente, de qué vamos a hacer con el “significado mismo del ser humano”. Y para ello no podemos omitir que:  

·       “…la doctrina de la Evolución no responde a todos los interrogantes y sobre todo no responde al gran interrogante filosófico: ¿de dónde viene todo esto y cómo todo toma un camino que desemboca finalmente en el hombre?...
·        “En el fondo [nuestra existencia] no es algo irracional, un producto de la irracionalidad; hay una razón anterior a todo, la Razón creadora, y en realidad nosotros somos un reflejo de la Razón creadora.” [25]

El origen de la vida escapa a las Ciencias Experimentales.

Algunos agregan, buscando aumentar la credibilidad de que estos eventos hayan ocurrido, que el primero de ellos —en la noche de los tiempos- pudo haber fallado; pero, en millones de años, estos eventos se habrían repetido, una y otra vez, hasta que, finalmente, el azar produjo el milagro. Esto es lo que se conoce como «diversidad estadística». El acaso encuentra así, para algunos, su poder creativo —sacar de la nada- en el número “N” de eventos ocurridos durante millones de años. En el fondo , sin embargo, esta hipótesis, al igual que “N”, es ante todo un «ente de razón» o «idea» y no hay pruebas de que también haya sido una realidad física o que posea existencia fuera del interior de la mente de algunos científicos y de aquéllos que prefieren poner su fe en el poder creativo de “N”.

“N” no posee el poder de transmutar a la materia inerte en materia viva, ni a los seres vivos en seres inteligentes y con alma espiritual, lo que significaría una “transformación esencial o substancial”[26]. Nadie da lo que no tiene, ni siquiera “N”.

Al buscar la causa de algo se debe de recordar que —desde Aristóteles- se conocen cuatro clases de causas:

·       Material, responde a la pregunta ¿de qué está hecho el objeto en estudio? V.gr., granito; cemento.
·       Formal, ¿qué es el objeto en estudio?, ¿cuál es la forma que lo hace ser lo que es? Una escultura o un bloque recién cortado; un amasijo de cemento o una cortina de una presa.
·       Eficiente, ¿quién hizo al objeto? El escultor; el ingeniero.
·       Final, ¿para qué o por qué lo hizo?[27] Creación artística; generación de electricidad y acopio de agua.

No está al alcance de las Ciencias Naturales (por su objeto de estudio y su metodología) descubrir la Causa Eficiente (Quién lo hizo), ni la Causa Final (Por qué o Para qué lo hizo) del Universo mismo, de la vida y de la vida inteligente;  pero tampoco le es legítimo atribuirlo a la casualidad. Es más lógico —y hasta ético- decir que esas preguntas no son para las Ciencias Naturales, cuyo dominio es la experimentación y la medición del binomio materia/energía en todas sus manifestaciones sujetas al espacio y al tiempo.

Conocer para realizarnos, pero ¿sobre arena o sobre roca? La Epistemología, en su acepción de Filosofía de la Ciencia, permitiría a las Ciencias Naturales suponer y llegar a establecer que la aparición de la vida y del hombre en la Tierra —o en cualquier otro planeta- ha ido y podría ir acompañado de “N” choques entre átomos de Carbono, Nitrógeno, Oxígeno, etc.,  sazonados por cataclismos geológicos y atmosféricos, durante miles de millones de años, en “N” lugares del Universo. Todo ello como condiciones y/o circunstancias que han ocurrido junto con la aparición de la vida, pero ninguna de ellas como causa eficiente ni final.

La misma Epistemología  exigiría reconocer que ni la materia, ni la vida, ni el espíritu de los terrícolas ni de los ET’s pueden llegar a ser, pasando del no-ser a ser, como acción de la nada, o de la materia inerte en sí misma, o de la materia viva —desde la bacteria o protozoario al primate más avanzado-,  porque «lo que no-es no puede llegar a ser, por sí mismo»; “de la nada, nada sale”, ex nihilo nihi.

Hay una cierta tendencia en el mundo científico de vanguardia de repetir los afanes de incursionar en la Metafísica y, además,  hacer “teología”. La causa de esto está,  en parte, en eso que Juan Pablo II llama «la tentación de la Ciencia de convertirse en religión», y en parte por la inevitable ansiedad que reaparece cada vez que la mente científica se topa con arcanos inagotables o con preguntas que sobrepasan la capacidad epistemológica de “su Ciencia”. Verlinde[28] pone al día la grave confusión operada en la mente de investigadores y divulgadores de la Ciencia —exaltados y obnubilados por los avances en la Física Cuántica- cuando se convierten de científicos en filósofos metafísicos. La lista de autores inmersos en esta confusión es muy abundante; la mercadotecnia premia las narraciones que hacen desaparecer la necesidad de un Dios creador, y, en segundo término, a las que transforman al Dios regidor en un fenómeno más de la vorágine cósmica. Los siguientes plumas son particularmente representativas de este yerro: Alice Bailey (New Age), Fritjof Capra, Jean Guitton, Stephen Hawking  y Trinh Xuan Thuan, —y todas pertenecen a los siglos XX y XXI-.


Parte VIII:  El Extraterrestre visto desde la Fe. ¿Es la Fe razonable?

En una primera hipótesis que proponemos, el Extraterrestre inteligente y con alma espiritual —si lo hubiera-, al compartir su naturaleza con su hermano, el terrícola, compartiría también su condición de «humano» y de «persona», independientemente de la clasificación biológica o taxonómica de Género y Especie que se le asignara. Este parentesco incluiría la posesión del Pecado Original.[29]

Si hubiese Extraterrestres equiparables al ser humano, “unidad de cuerpo y alma espiritual e inmortal”, creado a “imagen y semejanza de Dios”, imago Dei,[30] éstos estarían esperando la Evangelización y la salud del Bautismo, porque  —en nuestra opinión- repugnaría a la razón que haya habido una segunda versión de Adán, un «Adán B» (o “bis”), cuando, reflexionando sobre el hombre —imago Dei-, concluimos que cada uno es único, completo e indivisible[31] y, por tanto, insustituible.

Al llegar a este punto de nuestro ensayo dejamos el ámbito de las Ciencias Naturales e iluminamos em camino con la Fe.

¿Es razonable la certeza que nos da la Fe? Sí, porque esta Fe se basa en la autoridad moral de alguien digno de crédito. El «acto de fe» (en su acepción común y corriente) es un ejercicio vital que repetimos los humanos en todas nuestras horas de vigilia, de la cuna a la tumba: ¿a quién le creemos cuando nos amamantan, nos llaman, nos informan, nos compelen, nos guían, nos hablan, nos curan, nos corrigen, nos besan, nos dicen que nos aman? Y ¿por qué les creemos? Les creemos porque reconocemos su autoridad moral, nos sometemos a la credibilidad de nuestros interlocutores.

La Fe sobrenatural es razonable porque se basa en la autoridad moral de Cristo, Hijo de Dios y capaz de morir voluntariamente en la Cruz para refrendar Su misión, y en la autoridad moral de los testigos de su Resurrección y de la Redención que se obtuvo gracias a Él, y en la de los incontables santos y mártires, desde el diácono Esteban hasta los miles de cristianos sacrificados en el Medio Oriente y países islámicos del siglo XXI.


Parte IX:  Conocer, sí;  pero ¿para, qué?
El peligro de transmutar al  ser humano en un alienígena en su propio planeta.
El Humanismo Cristiano es el baluarte de la Persona.

Cualquiera que sea la hipótesis que se escoja en relación a un asunto tan enigmático como el Extraterrestre, parece un hecho evidente que el ser humano —en los países occidentales, principalmente- está en proceso de ser convertido en un espécimen que, bien pronto, ni el Hacedor que lo creó lo podrá reconocer.

A continuación se identifican a cuatro ejemplos de distorsiones morales que apuntan hacia esta vieja ambición gnóstica de “recrear al ser humano”, esbozada en las figuras  de Prometeo, Fausto y Frankestein y exacerbada por la explosión  de logros tecnológicos y científicos de la Postmodernidad:

A.     La práctica generalizada de la Eugenesia (la Eugenesia “popular o democrática”), la licencia para matar —en lo individual o en masa- a los especímenes que no “aportan” al género humano, v.gr.: enfermos terminales y discapacitados, ancianos “incosteables”, bebés indeseables y sujetos de “razas” inferiores.
B.     La ideologización de la Ecología que produce a la corriente radical autollamada “Ecología Profunda”, nombre adoptado por la nueva idolatría a la “Madre Tierra”, oscuro sujeto de la literatura, la mitología y la ecologismo, convertido en tótem en sustitución de la Providencia judeo-cristiana.
C.     El rechazo a reconocer  la dignidad de la persona humana que lo hace diferente al resto de los seres del reino animal por ser consciente y responsable de sus actos y, por ende, comprometido con el cuidado del resto de la Naturaleza, proponiendo el antiespeciesismo” (el rechazo a la superioridad de la especie humana sobre las otras especies). Esta sutil corrección da lugar a las personas no-humanas”, i.e.: algunos mamíferos superiores a los que convierten en sujetos de la ley y a los “humanos no-personas”, i.e.: enfermos mentales, embriones humanos, etc., a los que se les despoja de su derecho a la vida, entre otros.
D.     La nueva Ideología de Género, para la que no hay diferencias biológicas y genéticas entre niño y niña, entre varón y mujer, que no pueda ser deshecha (decostruida) por la voluntad arbitraria del individuo y pudiendo así escoger el “género” que más le acomode. Ideología que, con el pretexto de combatir la discriminación, es impuesta, en las leyes y la educación, como pensamiento único por las izquierdas marxistas y anarquistas, los lobbies Gay, los organismos internacionales políticos y financieros y los medios masivos de comunicación y del espectáculo.

Quizá, en lugar de elucubrar sobre la vida en el Espacio Sideral, convenga pensar en cómo salvaguardar el “significado del ser humano”, antes de que cualquiera de estas ideologías terminen convirtiendo al terrícola en un alienígena.

El Humanismo Cristiano es el baluarte de la Persona. El concepto que tengamos de persona, pieza fundamental del Humanismo Cristiano se convierte en indispensable para analizar estas nuevas propuestas o tesis moralistas que violentan el concepto de varón y mujer que, hasta hoy, aún prevalecen, aunque cada vez menos en los países en vías de descristianización.

La primera noción a aceptar o el primer ladrillo a colocar en la base del significado del ser humano, reside en ver, en todo hombre, en todo homo sapiens con capacidad de razonar en acto o en potencia,  a una persona con responsabilidades y derechos.

Las épocas de la historia de la Humanidad, sin importar latitudes o pueblos, pueden juzgarse según lo que haya prevalecido en su seno, a lo largo del rango entre:

·       participación vs despotismo y
·       respeto y promoción de la vida vs uso pragmático de la muerte,

y su ubicación en estos rangos ha dependido de si en los pueblos se ha descubierto y respetado ­—explícita o tácitamente- a la persona inserta en todo ser humano, o, por el contrario, si sistemáticamente la han olvidado, atropellado y hasta sustituido por ficciones ideológicas (por ejemplo: la causa, la clase, la nación, el partido, la raza, etc.).

A la luz del Humanismo Cristiano y frente a las nuevas propuestas ideológicas deshumanizantes, se nos plantean dos preguntas:

·       ¿La sola hipótesis de la existencia de Extraterrestres (porque eso es lo único que existe, una hipótesis) justifica el desmantelamiento del orden moral contenido en el Humanismo Cristiano, bajo el presupuesto (la piramidación de hipótesis) de que el descubrimiento del alienígena representaría la prueba de que la Revelación cristiana es un mito?
·       ¿El afán, casi lúdico, de propagar la creencia en la hipótesis sobre los Extraterrestres con sus numerosas modalidades, no constituirá una peligrosa distracción y una malévola tentación para abandonar al Humanismo Cristiano, único antídoto eficaz frente al avance arrollador de las nuevas ideologías enlistadas?                        


Parte X:  Epílogo.

«Querer saber más»[32] exige comenzar por no olvidar los límites de la inteligencia del ser humano:

1)    reconocer cuándo “no se sabe”;
2)    reconocer cuándo es que “no se puede saber” con sólo la inteligencia propia;
3)    “si se sabe, hay que obrar en consecuencia”, y
4)    “para realizarse como lo que uno es (de acuerdo a nuestra naturaleza) —para cumplir con el deber ante uno mismo y ante el otro- hay que buscar saber lo que se necesita saber” (la formación de la «conciencia recta» para la plena realización del ser humano).[33]

Cualquiera que sea nuestra decisión o la dirección de nuestra investigación de lo conocido y lo por conocer sobre el Extraterrestre, sobre el diálogo Ciencia-Fe o sobre cualquier otro tema de relevancia, el presente ejercicio tiene el propósito de  proporcionarnos alertas, entusiasmo, herramientas y salvaguardas para utilizar —en todo su potencial- a la inteligencia, facultad de nuestra alma espiritual donde reside nuestra capacidad de descubrir la verdad y el error a fin de que nuestra voluntad pueda amar al bien y repudiar al mal que aquéllos contienen.
En este dilema radica la decisión más importante de nuestra existencia; una decisión racional,  «aquí y ahora», sin importar si estamos o no solos en el Universo o si existen más Universos del que conocemos.


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[1] Juan Pablo II (1920-2005), Constitución Apostólica para las Universidades Católicas “Ex corde Ecclesia”, 1990, Núm. 7
[2] Dan Brown, autor de exitosas novelas llevadas al cine, que se presentan como si pertenecieran al género histórico-científico,  pero que caen en lo insulso bajo el peso de los infundios e inexactitudes que contienen, recién publicó su siguiente best seller, “Origin”, con un tiraje inicial de dos millones y por traducirse a 42 idiomas. ¿La trama?, la Ciencia logra descubrir la forma de “crear” vida, desplazando finalmente de la «fórmula» tradicional al Dios-Creador y  arrojando a la religión a la obsolescencia. El éxito mercadotécnico de Brown —2OO millones de ejemplares de sus novelas “in print”-, lo explica la siguiente frase de Chesterton: “Esta no es la edad de la fe, es la edad de la credulidad” (1916); otra expresión similar que se le atribuye a Chesterton es: “El problema con el hombre contemporáneo no es que no crea, sino que cree en cualquier cosa”. Ver:
§ S. Lyall, “The World According to Dan Brown“, The New York Times, Books, Profile, September 30, 2017. https://nyti.ms/2fEZQ30
§ J. Maslin, “In Dan Brown’s ‘Origin,’ Robert Langdon Returns, With an A.I. Friend in Tow“, The New York Times, Books of The Times, October 3, 2017.
§ D. Ahlquist, comp., “Way of Wonder, Wisdom from G. K. Chesterton », Pauline, Boston, 2016.
[3] J. Maritain (1882-1973), “Los Grados del Saber. Distinguir para Unir”, ed. orig. 1932, Club de Lectores, Buenos Aires, 1983. Pág. 5.
[4] S. Vargas Montoya, “Metafísica y la Teoría del Conocimiento, Porrúa, México, 1977. Pág. 243.
[5] § F. Van Steenberghen: “…la Epistemología (…) estudia la naturaleza, las condiciones y el valor del conocimiento [de cada ciencia], sin prejuzgar nada de los resultados o de las consecuencias de su estudio…” Págs. 13 y 31 a 34
(1) “La Epistemología [o Teoría o Filosofía de la Ciencia] debe comportar ante todo un análisis de los datos inmediatos del conocimiento, una descripción de los elementos constitutivos de la conciencia… [esta faceta es la llamada:] Epistemología analítica o descriptiva…” Pág. 89
(2) “…Sobre la base de esta descripción, se podrá intentar una crítica [análisis o estudio] del conocimiento que apunte a establecer el valor y las posibilidades del saber humano [esta faceta  da lugar a la Epistemología  crítica [que consiste en determinar cuáles son, en realidad, los datos constitutivos de mi conciencia…]… Pág. 32
(3) “…Este análisis y esta crítica señalan el objeto de una tercera disciplina, cuyo fin será determinar las leyes generales de la actividad discursiva del espíritu [y con esto se constituye la Epistemología lógica, donde se hermanan la Epistemología y la Lógica]. (Pág. 89) (…)” Pág. 309, “Epistemología”, ed. orig. 1947, Gredos, Madrid, 1956 Ver también:
§ N. Abbagnano, “Diccionario de Filosofía“, FCE, México, 1963.
[6] T. Dixon, “Science and Religion. A very short introduction”, Oxford University Press, 2008.
[7] J. Balmes: “El estudio de la filosofía debe comenzar por el examen de las cuestiones sobre la certeza : antes de levantar el edificio es necesario pensar en el cimiento(…) La filosofía debe comenzar por no disputar sobre el hecho de la certeza , sino por la explicación del mismo““ “Filosofía Fundamental“, BAC, Madrid, 1963. Pág.  8 y 12.
[8] “Crítica”, en su acepción original = estudio ; “Gnoseología” = tratado (logos)del Conocimiento (gnosis).
[9] Aristóteles prefiere ubicarlos como categorías del ser, en lugar de que constituyan un tipo o modo de realidad.
[10] R. Alatorre, op. cit. Pág. 35.
[11] G. K. Chesterton, 1874-1936,  “Ortodoxia“, 1908.
[12] § J. Balmes: “…la filosofía (…) se dirá, no comienza por un examen, sino por una afirmación(…) Los filósofos se hacen la ilusión de que comienzan por la duda; nada más falso; por lo mismo que piensan, afirman, cuando no otra cosa, su propia duda; por lo mismo que raciocinan, afirman el enlace de las ideas, es decir, de todo el mundo lógico.“, op. cit.. Pág. 12.
§ R. Jolivet, “Curso de Filosofía“, Desclée de Brouwer, Buenos Aires, 1978. Pág. 232 y ss.
§ F. V. Steenberghen, “Ontología“, ed. orig. 1946,  Biblioteca Hispánica de Filosofía, Gredos, Madrid, 1965. Pág. 63 y ss.
[13] § Mateo 6, 13.
§ El Maligno o Malévolo tiene varios nombres y tres características principales. El Diablo (vocablo de origen griego) o Satán (hebreo) es el que obstruye el camino o el que divide; es el Homicida desde el origen (y desea nuestra muerte) y es el Padre de la Mentira, como lo evidencian los tres engaños que acompañan al hombre que antepone su confianza en él mismo a su confianza en Dios: “Y dijo a la mujer [Eva]: «¿Cómo es que Dios os ha dicho: No comáis de ninguno de los árboles del jardín?» Respondió la mujer a la serpiente: «Podemos comer del fruto de los árboles del jardín. Más del fruto del árbol que está en medio del jardín, ha dicho Dios: No comáis del él , ni lo toquéis, so pena de muerte.» Replicó la serpiente a la mujer: «De ninguna manera moriréis (1). Es que Dios sabe muy bien que el día en que comiereis de él, se os abrirán los ojos y seréis como dioses (2), conocedores del bien y del mal (3)»”. Génesis, 3, 1-5.
[14] § Isaac Asimov, “”El Universo”, Alianza Editorial, Madrid, 2009.
§ Colin A. Roman, “Secretos del Cosmos” (“Man probes the Universe”), Salvat, 1969.
[15] 2 Pedro 3, 4. Salmo 90 (Vg. 89): “Mil años para ti son como un día que ya pasó; como una breve noche.”
[16] F. Van Steenberghen, “Ontología”, op. cit. Págs. 35 y 40.
[17] Entrevistado por Tim Turner, fundador de CNN. Obtenible en internet:  CNN, “A Dialogue Sagan-Turner“, 1989.
[18] Conferencias dictadas en 1997, en la UPAEP, Puebla, como parte del “1er. Encuentro Internacional entre Fe y Cultura”: “El Cristianismo en el Umbral del Tercer Milenio”, 1997.
[19] Ídem.
[20]  El riesgo a la desesperación fue descrito brillantemente por Jean Paul Sartre, 1905-80, filósofo con la imagen pública de “ateo”, en su afirmación: “El hombre es un ser para el absurdo”, condenado a regresar a la nada, de donde habría provenido. La frase también se atribuye a M. Heidegger, 1879-1976. Sobre el supuesto ateísmo de Sartre, cfr.:
§ A. Bermúdez, “El Ateísmo Moderno”, podcast “Punto de Vista”, ACI Prensa, www.youtube.com. https://youtu.be/hv3VapLuS6E
[21] “Const. Pastoral Gaudium et spes”, Vaticano II, 1965, Núm. 22.
[22] Cfr. Mateo 9, 1-8, Marcos 2, 1-12, Lucas 5, 17-26, curación de un paralítico y perdón de sus pecados.
[23] Esta “caracterización” del Ser Supremo es una nota distintiva y única de la Revelación judeocristiana que, si bien, es eminentemente teológica —una verdad o misterio de Fe-, ilumina toda la acción de la razón mediante sus implicaciones metafísicas. Por un lado, el que se ha nombrado o definido a sí mismo como “Yo soy el que soy”, lo constituye —ante nuestros ojos- como el «Otro», un «Otro» único e inigualable,  y en un Ser totalmente independiente de los seres humanos a los que Él mismo se  revela. Con esto, cualquier forma de panteísmo resulta insulsa. 
     Esta primera constatación implica, necesariamente,  que «Él» nos reconoce y que «uno mismo» se descubre como “yo mismo”, como un interlocutor válido y como un ser distinto a ese Otro y a otros. Por otro lado, provee la clave para evitar el endiosamiento del hombre; vacuna al hombre al descubrirle el ridículo de la tentación a considerarse o a buscar, como Prometeo, ser “como dioses”.
     Finalmente, “…se debe añadir que la primera verdad absolutamente cierta de nuestra existencia, además del hecho de que existimos, es lo inevitable de nuestra muerte [esto es, la contingencia y finitud de nuestro ser].” Juan Pablo II, Fides et Ratio”, 1988, Núm. 26.
[24] § N. Abbagnano, “Diccionario de Filosofía“, FCE, México, 1963. Cfr.:
§ M. Hamburg, “Statistical Analysis for Decision Making, an Introduction to Clasical and Bayesian Statistics, Harcourt, Brace & World, 1970.
[25] Benedicto XVI, “Preguntas y Respuestas ante párrocos de las diócesis de Belluno-Feltre  y Treviso”, julio 24, 2007.
[26] F. Van Steenberghen, op.cit.. Pág. 130.
[27] R. Alatorre, op. cit. Pág. 34.
[28]  J.M. Verlinde, “La deité sans nom et sans visage, Le Défi de l’Esotérisme au Christianisme”, Tome II, Saint Paul, Paris, 2009. Pág. 37 a 42, traducción libre del francés.
[29] Paulo VI: “Mantenemos, pues, siguiendo el concilio de Trento, que el pecado original se transmite, juntamente con la naturaleza humana, por propagación, no por imitación, y que se halla como propio en cada uno.” “Credo del Pueblo de Dios“,  Núm. 16-18, junio 30, 1968.
[30] Génesis, 1, 26-27.
[31] Juan Pablo II, Discurso ante la UNESCO, Paris, 1980.
[32] Aristóteles: “Todos los hombres tienden por naturaleza al saber”, citado por:
§ Julián Marías, “Historia de la Filosofía, 34ª. ed., Revista de Occidente, 1983. Pág. 60.
[33] El hombre y la mujer son las únicas creaturas que nacen inacabadas, y ellos tienen que realizarse terminando de hacerse ellos mismos; como sugiere el poeta griego Píndaro (518 a.C. - 438 a.C.), nuestra tarea es llegar a ser lo que somos. De ahí la importancia de la educación y de su meta principal: la adquisición de una «conciencia recta» que guíe al ser humano al emplear su libertad, a fin de que sus decisiones vayan acorde o realicen su naturaleza. Con esto, se evoca la definición de Aristóteles sobre lo que es bueno: Lo bueno para un ser es aquello que es acorde a la naturaleza de dicho ser.






1 comentario:

  1. La vida fuera de la Tierra es un pretexto en este ensayo para revaluar a la inteligencia y usarla cada vez mejor. En nuestra razón, voluntad y libre albedrío reside la dignidad del ser humano. Y hoy más que nunca es indispensable que los empleemos para evitar la deconstrucciôn del ser humano por ideologías y modas descabelladas.

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